sábado, 18 de octubre de 2008

El otro 17 de octubre

17 de Octubre de 1951, hace exactamente 57 años, tuvo lugar en la Argentina la primera transmisión pública y abierta de televisión. La dirigió el Dr. Enrique T. Susini, quien 31 años antes realizó también la primera transmisión de radio.
A 57 años de la primera transmisión de televisión en Argentina
La televisión argentina estuvo y está hoy en día asociada a un apellido, Yankelevich. Desde los comienzos esta familia se vinculó al mundo televisivo y hasta fue partícipe de su nacimiento. A mediados de 1951, Jaime Yankelevich, junto a su hijo Samuel, emprenden un viaje a Estados Unidos de donde traen todo el equipamiento necesario para comenzar con las primeras transmisiones.
El 17 de octubre de 1951, y luego de haber pactado con el gobierno de Juan Domingo Perón, se produce la primera emisión televisiva del país conmemorando el sexto aniversario de la lealtad peronista. La Plaza de Mayo estaba colmada de gente y Evita Duarte de Perón pronunciaba su discurso explicando su renuncia a la candidatura de vicepresidente de la República debido al avance de su enfermedad.
Para ese entonces muy poca gente contaba con un receptor televisivo en sus hogares, la mayoría se encontraba en bares y negocios, por lo que la novedad fue compartida en estos lugares. La transmisión regular del Canal 7 comenzó el 4 de noviembre de ese año y la programación consistía en espectáculos folklóricos, espacios musicales, transmisiones desde el circo, programas de moda. Ya en 1952 los espectadores podían disfrutar de los primeros teleteatros.

jueves, 9 de octubre de 2008

La Ausencia Fosforescente

9 de octubre de 2008
La Ausencia Fosforescente
Por Ariel Magirena para Visión 7. Noticiero de la Televisión Pública
"Uno vive el presente como si toda una historia confluyese sobre ese presente, y el presente fuese como una suerte de consumación de todo un proceso histórico" dijo Nicolás Casullo a su entrevistador. Como un sabio gurú, quien fuera hasta hoy uno de los mas lúcidos exponentes contemporáneos de esa rara clase de intelectuales con autoridad, era consultado por sedientos de análisis y perspectiva para tentar el trazo del mapa que llevara a la salida del "laberinto argentino". Pero aunque fuese generoso en su docencia nunca aceptó jugar el papel de oráculo para el que lo acreditaban su trayectoria y su obra. A sus 64 años se propuso y conformó, junto a otros pares, un espacio para desarrollar orgánicamente el debate, la confrontación y la circulación de las ideas, que estaba vacante en la sociedad argentina. Sin prejuicios; sin preconceptos y sin miedo de asumir el compromiso, ese espacio tomó el nombre de su característica y transparente forma de compartir el pensamiento: carta abierta. Su legado.
Además, de sus novelas exquisitas, sus ensayos profundos y sus artículos elocuentes; y de la cátedra de comunicación social, que tendrá un vacío insustituible en las universidades de Buenos Aires y de Quilmes, donde este crítico feroz y minucioso formaba en el pensamiento crítico y propositivo a una nueva generación de comunicadores que no se soñaran estrellas de los medios. Muchos de esos medios que hoy reducen su perfil, el de uno de los pensadores mas influyentes sobre dos generaciones en Argentina y latinoamérica, a la simplificación parcialista e intencionada de "intelectual kirchnerista". Nicolás Casullo discutió el lenguaje y las palabras cuestionando los paradigmas dominantes de la sociedad contemporánea.
La crónica dirá que el director de la revista "Pensamiento de los Confines" y autor de "París 68. Las escrituras, el recuerdo y el olvido","La comunicación, una democracia difícil", "El debate modernidad-posmodernidad", y "Las Cuestiones", su último libro, entre muchos otros, falleció el 9 de octubre de 2008 al día siguiente de ser internado en una clínica porteña y que sus restos fueron despedidos merecidamente en la biblioteca nacional. Pero poco, de esa ausencia fosforescente que dejan los que, a decir de Bertolt Bretch, son imprescindibles. (A.M)

miércoles, 1 de octubre de 2008

Es Impostergable la Sanción

El reclamo fue hecho por organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil, como el CELS y Fadeccos. Expresaron su preocupación por el estancamiento de la discusión y pidieron iniciar el tratamiento en el Congreso.
Roberto Saba (ADC), Horacio Verbitsky (CELS) y Guillermo Mastrini (Federación de Carreras de Comunicación).
Organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil se reunieron ayer para reclamar la sanción de una nueva ley de servicios de comunicación audiovisual, en reemplazo de la sancionada durante la última dictadura militar. En una conferencia conjunta, los organismos solicitaron la inmediata presentación pública del proyecto de ley anunciado por el Gobierno para comenzar el debate entre distintos sectores de la sociedad e iniciar su tratamiento en el Congreso Nacional. “Es impostergable la sanción de una nueva ley”, señalaron a través de un documento consensuado. Todos señalaron con preocupación el estancamiento del tema, que había avanzado en su discusión con el impulso del Ejecutivo, pero que desde el fracaso de las retenciones móviles fue desapareciendo de la agenda pública.
La declaración presentada ayer llevó las firmas de organismos de derechos humanos como el CELS; de la sociedad civil como la ADC, Cippec y Poder Ciudadano; del ámbito universitario, como Fadeccos y del Foro de Periodismo Argentino. Fue precisamente el presidente del CELS, Horacio Verbitsky, quien resaltó la importancia de que estos organismos, que si bien provienen de distintos espacios y tienen distintas trayectorias, acordaron la necesidad de una nueva ley para democratizar el marco de la discusión pública en Argentina.
“Hay que tener en cuenta que no es la primera vez que aparece este tema en la agenda pública, se presentaron muchos proyectos en estos veinticinco años y todos han perdido estado parlamentario o han fracasado”, sostuvo Andrea Pochak, directora adjunta del CELS. Sin embargo, la representante del organismo consideró que actualmente hay una mayor madurez política y social. Según Pochak, es muy clara la “lección” de los tratados internacionales de derechos humanos sobre el tema.
En diálogo con PáginaI12, Guillermo Mastrini, representante de la Federación de Carreras de Comunicación, sostuvo que hay tres consideraciones centrales que hacen necesaria una nueva ley. En primer lugar, que fue sancionada por la dictadura y que, pese a que sufrió cambios, “sus fundamentos siguen siendo estrictamente autoritarios”. “No podemos pensar en que la comunicación no tenga un vínculo directo con la política de derechos humanos”, completó Mastrini.
En segundo lugar, continuó el profesor de Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UBA, hay una necesidad de actualizar la normativa porque quedó vieja y genera “fuertes contradicciones para los propios grupos de medios”. Por último, consideró que el propio desarrollo tecnológico ha superado la ley vigente y puso como ejemplo el proceso de digitalización de la televisión, “que cambia totalmente el mundo de los medios”.
Sin embargo, Mastrini remarcó que existe una sensación “ambigua” porque, si bien este año hubo grandes avances en materia de discusión pública, todavía el Gobierno no presentó su proyecto. En el mismo sentido opinó Roberto Saba, de la ADC, quien defendió el derecho de los expertos, las universidades, los medios y la sociedad en general a conocer la iniciativa oficial en cuanto esté lista. “Tememos que no se dé a conocer con el debido tiempo o que no se discuta lo suficiente. Esto no se puede decidir entre unos pocos y en un ámbito cerrado, porque esta ley definirá los marcos del debate público por lo menos para los próximos treinta años”, agregó Saba.
Consultado por este diario sobre las dificultades que podrían generar los grandes multimedios en contra de la instalación del tema en la agenda pública, Saba responsabilizó al Gobierno de la generación de las plataformas de discusión necesarias y colocó como ejemplo los proyectos de ley de Educación y la designación de jueces de la Corte Suprema.
“El primer paso es que se conozca el proyecto, el segundo que el Gobierno genere la discusión y tercero que cuando llegue al Congreso también exista la oportunidad de que todos conozcamos lo que se está discutiendo, qué pasa en las comisiones y que haya audiencias públicas”, sintetizó.
También estuvieron presentes Pablo Secchi, de Poder Ciudadano; Martín Bohmer, de Cippec; y Sebastián Lacunza, de Fopea. Publicado en Página 12, 1° de octubre de 2008.

Todos deben saber

Después de una puesta en escena en la que la iniciativa sobre la ley de servicios de comunicación o ley de radiodifusión ganó las primeras planas del debate público, el tema parece haber entrado ahora en un remanso. Conocer de qué se trata y qué se está discutiendo es central.
Por Víctor Ego Ducrot *
Ni una nueva Ley de Radiodifusión ni mucho menos un nuevo orden democratizador integral de la comunicación podrán concretarse si todo queda en manos de especialistas y funcionarios. Los hechos y los dichos parecen indicar que es el Comfer el órgano de gobierno más dispuesto a impulsar la reforma o la sustitución de la actual Ley de Radiodifusión, herencia de la dictadura a la que todos los gobiernos constitucionales recurrieron, por conveniencias propias y ajenas, imposibilidades o temores.
Sin embargo, es evidente que la decisión y las energías empleadas en ese sentido por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner durante los momentos más álgidos del conflicto con las patronales del agro –abiertamente sostenidas por el complejo corporativo mediático– han menguado e ingresado en una etapa de sigilo y negociaciones, algunas de las cuales no pueden ser disimuladas.
No es menos evidente que ésta o cualquier administración que aborde con seriedad un programa de democratización mediática deberá confrontar con fuerzas tan o más poderosas que las nucleadas en torno del cartel de la soja, comandado por la FAA, la Sociedad Rural Argentina y organizaciones afines.
Conviene recordar que los principales grupos mediáticos –con Clarín a la cabeza– se foguearon en sus artes de “negociación” en tiempos de autoritarismo y dictaduras, y que, con el correr de los años globalizadores, supieron tejer sin cansancio ni desmayos una compleja trama de intereses corporativos con los sectores más concentrados de la economía local, gimnasia esa que les permitió obtener una efectiva patente de corso a la hora de influir sobre los más diversos ámbitos públicos y privados.
Con una experiencia de más de tres años en investigaciones sobre escenarios locales y latinoamericanos, el Observatorio de Medios de Argentina, unidad docente y de investigación de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, pudo constatar que los comportamientos de los oligopolios mediáticos responden a una misma matriz, desde México hasta Tierra del Fuego.
Se basan en el bombardeo simbólico contra toda política pública que comprometa sus intereses corporativos, asociados con los actores más concentrados del sistema financiero, económico y comercial. Para ello, actúan como verdaderos productores y reproductores se sentidos de clase o grupo convertidos en valores universales.
Los informes que oportunamente produjera el Observatorio sobre las coberturas de algunos de los principales medios gráficos al conflicto entre el Estado nacional y el cartel de la soja, sobre el tratamiento que esos mismos diarios le dieron al tema Ley de Radiodifusión y sobre la gramática de construcción noticiosa e informativa utilizada por el canal Todo Noticias (TN), todos confirmaron la tendencia referida en el párrafo anterior.
Sin embargo, y para no abundar en temas que ya fueron abordados desde las páginas de esta sección, es probable que sea conveniente detenerse en un punto de particular significado y que, en sí mismo, contiene un principio fundamental: si entendemos que la comunicación es un servicio público es dable destacar que el actor principal –el factor fundamental– del complejo y dialéctico proceso comunicacional es el sujeto colectivo integrado por todas y todos los ciudadanos-individuos que conforman la sociedad, los destinatarios primeros y últimos del derecho a estar informados e informar.
En ese sentido, puede resultar ilegítimo e inconveniente por ineficaz, desde el punto de vista de la construcción de ciudadanía plenamente democrática, considerar que la discusión sobre la necesidad de modificar el marco jurídico de la radiodifusión en nuestro país se agota con el debate entre la llamada comunidad de la comunicación, por amplio que éste sea. Ese debate debe ampliar sus márgenes hacia escuelas, colegios, universidades, organizaciones sociales y de consumidores, centros vecinales y sindicatos, entre otras instancias.
El de la comunicación social no es un tema que sólo involucra a comunicadores, académicos, políticos y funcionarios. Toda la diversidad que encierra nuestra sociedad tiene algo que decir al respecto y para ello debe saber de qué se trata.
Por último, otro punto que puede se crucial. Aun en medio de la incertidumbre sobre cuál será finalmente el contenido de la nueva Ley de Radiodifusión, el gobierno nacional parece encaminado a decidir acerca del sistema de televisión digital.
Quedamos así ubicados ante un escenario en el que miles de millones de dólares están en juego, precisamente entre los actores corporativos más concentrados de nuestro país, entre ellos los grupos mediáticos y las telefónicas, por sólo citar algunos.
No vaya a ser que la probable nueva ley quede sólo en una formalidad o vaciada de contenido ante el vértigo de las innovaciones tecnológicas, administradas una vez más en favor de los intereses empresarios. Por todo lo expresado hasta aquí sería bueno que el pueblo supiese de qué se trata.
* Profesor de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.