lunes, 24 de diciembre de 2012

PARA ESTA NAVIDAD, EN LA COCINA DE PERÓN


 Pensarán ustedes que voy a contar aquí acerca de quién o quiénes dirigieron las cocinas del General y de Evita. Pero se equivocan, porque quedaron atrapados en el jueguito del título. La historia de hoy no refiere a cocineras ni a cocineros, sino a cocinas, a sellos, a improntas culinarias; porque cada punto de inflexión en la historia de los pueblos, de las sociedades o de las culturas, como prefieran, cada punto de inflexión crea, impone, una culinaria.


Primero lo primero. Un principio general: la cocina es hija de la pobreza, de la necesidad, y es anónima; nace de lo más profundo de la organización social. La cocina es, como muchas veces señalé, el asado de la obra –hoy en tránsito de recuperación tras la catástrofe de la dictadura y del neoliberalismo–, los saberes y recetas de los acervos familiares yuxtapuestos y los que traen consigo los inmigrantes (pasados y actuales); los millones de cocineras anónimas que cada día ofrecen un plato de comida a sus familias.
Segundo lo segundo. La culinaria argentina reconoce tres fuentes de origen y formación:
1. La de los pueblos americanos, andinos, guaraníticos, de las pampas y patagónicos, para hacerlo sencillo y sin pretensión alguna de antropología. Cabe destacar la variedad y la riqueza alimentaria de nuestros compatriotas aniquilados por el maldito Roca; esas cuestiones, los comeres de pueblo ranquel por ejemplo, es una deuda que tengo y pronto será saldada, en alguno de estos nuestros encuentros semanales.
2. La del mestizaje obligado por la presencia de conquistadores y colonizadores. De ahí que nuestro puchero haya sido el plato urbano de todo el siglo XIX, por ejemplo.
3. La del mestizaje complejo entre lo que ya existía en la patria a la hora de comer y lo que propusieron las grandes corrientes inmigratorias desde fines del XIX y principios del XX, fenómeno este que se replica en la actualidad, con especial contenido sudamericano, pero también asiático y de otras regiones que ven en la Argentina sus futuros, pese a la futurología perversa de los conocidos de siempre, de los agoreros y agoreras por diez guitas, que no quieren aceptar la realidad de esta Argentina transformada; y joden y joden contra la ley y la Constitución.
Ese tercer momento explica, entre muchos y variados hechos, el signo dominante de la cocina porteña y urbana en general.
Y ahora, a lo nuestro. A mediados del siglo XX, la Argentina se transformó en sentido plebeyo, revolucionario; y tal acontecimiento se reflejó sobre la mesa de sus habitantes. Como consecuencia de las políticas distributivas, inclusivas y creadoras de ciudadanía del peronismo, los comensales de la patria –los del pueblo, porque los otros siempre comieron bien, y a expensas de los primeros–, el pueblo digo, contó con una cantidad y calidad de ingesta proteica como nunca antes siquiera había imaginado.
Eso fue lo determinante, lo más relevante, pero a título de imágenes y figuraciones concretas, debemos recordar algo que suele pasar inadvertido.
El peronismo fundó las empanadas porteñas, gracias a la incorporación de miles de trabajadores a la gastronomía urbana y pujante, quienes trajeron sus sabores y saberes; y el asado, la parrilla del fin de semana, terminó de obtener identidad de ciudad. Dejó de ser rural y suburbana para instalarse en los patios, en los fondos, en las terrazas, y hasta en los balcones de Buenos Aires y otros centros de densidad demográfica, proceso derivado de la industrialización creciente del país, de sus consecuentes migraciones internas y de la mejora sustancial del poder adquisitivo para el conjunto de la sociedad.
¡Ah, sí! Dicen que uno de los platos preferidos del General fue el pastel de papas. Hasta la próxima, y que disfruten del calorcito, anque lluvias, aquellos que se preparan para la dolcefareniente de las vacaciones.
Por Víctor Ego Ducrot (*) 
(*) Texto publicado este fin de semana en el semanario Veintitrés.
Les deseamos felicidades y un 2013 más justo e igualitario!
Mabel Maidana
Ariel Magirena
Santiago Plaza
Domingo Merlino




martes, 11 de diciembre de 2012

TARIFA SOCIAL PARA RADIOS COMUNITARIAS, PROYECTO COMPLETO PRESENTADO


El Senador de la Provincia de Buenos Aires Emilio López Muntaner, en el marco de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, presentó un proyecto de Tarifa Social para Radios Comunitarias. 

El texto del proyecto es el siguiente:

FUNDAMENTO

La promulgación de la ley de servicios audiovisuales, significó para la democracia argentina un mojón histórico que dio reemplazo a la sancionada por la última dictadura cívico-militar, empapada de intereses concentrados y monopólicos que terminaban por desfigurar la comunicación y centralizarla en pocas manos en función de intereses corporativos y sectoriales.

A pocos días de que entre en vigencia la nueva ley de servicios audiovisuales, sabemos que es necesario dotarla de la mayor institucionalidad posible, legislando y bregando por el cumplimiento de la ley en el territorio nacional, y en lo que compete a nuestras funciones para las cuales hemos sido elegidos a través del voto democrático, velar por su cumplimiento en la provincia de Buenos Aires.

Desde la promulgación de la Ley de Servicios Audiovisuales, infinidad de emisoras de baja potencia pertenecientes a diferentes iniciativas comunitarias, podrán avanzar en un proceso normalizador  que les permita obtener licencias de Frecuencia Modulada de muy baja potencia con el fin de facilitar la instalación y funcionamiento del servicio en sitios de alta vulnerabilidad social y/o de escasa densidad demográfica. Estas emisoras, entre las que podemos citar diferentes denominaciones: comunitarias, cooperativas, culturales, han sobrevivido sobre la base del esfuerzo de sus integrantes, pero sin aparo y con la multiplicidad de inconvenientes que acarrea estar bajo estas denominaciones.

Las Emisoras comunitarias son conceptualizadas en la Ley Nacional de Servicios de Comunicación Audiovisual de la siguiente manera: "Son actores privados que tienen una finalidad social y se caracterizan por ser gestionadas por organizaciones sociales de diverso tipo sin fines de lucro. Su característica fundamental es la participación de la comunidad tanto en la propiedad del medio como en la programación, administración operación, financiamiento y evaluación. Se trata de medios independientes y no gubernamentales. En ningún caso se la entenderá como un servicio de cobertura geográfica restringida."

Las emisoras comunitarias cumplen un rol significativo en los lugares donde llega su señal. Su función social es aportar y hacer frente a las urgentes necesidades de los habitantes de la comunidad, es un instrumento cultural y educativo, de comunicación, expresión, información, promoción cultural, formación, debate y concertación que promueve el encuentro de diferentes identidades sociales y expresiones culturales de la comunidad promoviendo diferentes valores democráticos sustanciales.

El presente proyecto busca fortalecer las radios comunitarias creando una tarifa social diferenciada para las emisoras de baja potencia de la provincia de Buenos Aires. Al momento de abonar la tarifa eléctrica o el gas natural no existe contemplación alguna para las emisoras de baja frecuencia. Los prestadores de servicios públicos de energía eléctrica y gas natural cobrarán a las entidades arriba mencionadas un valor inferior equivalente al 40% del valor incluido en la facturación.

Las emisoras de alta frecuencia que cuentan con otra capacidad de alcance y por lo tanto mayores posibilidades de rédito económico se homogeneizan con la radio comunitaria bajo la figura de usuarios. La creación de esta tarifa es fundamental a la hora de potenciar las cualidades antes mencionadas de las radios comunitarias,diferenciando cualitativamente el servicio social prestado, por el cual en la mayoría de los casos no perciben rédito económico alguno. Teniendo en cuenta los beneficios que puede aparejar la creación de una tarifa social para las emisoras de baja potencia, surge el convencimiento de que potenciar las radios comunitarias es impulsar los valores comunicativos que estas transmiten.

                Por todo lo expuesto y en pos de dar respuesta a un mandato histórico, solicito a los Señores Legisladores nos acompañen en la aprobación del presente Proyecto.

PROYECTO DE LEY

El Honorable Senado y Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, sancionan con fuerza de LEY:

ARTÍCULO PRIMERO: Crease en todo el ámbito de la Provincia de Buenos Aires una tarifa social diferenciada para las emisoras de Radio de Baja potencia comprendidas en las categorías E - F y G según Resolución 142 SC/96 que cuenten con inscripción y hallan cumplimentado el Censo AFSCA Resolución 1 y 2/2009 y Resolución AFSCA 325/2010. Y Emisoras de Televisión de baja potencia comprendidas en la Resolución AFSCA 3/2009 y Resolución AFSCA 325/2010 que hallan cumplimentado las mismas.

ARTÍCULO SEGUNDO: Denomínese tarifa social al precio que los medios de comunicación más arriba mencionados paguen como contraprestación por el servicio de energía eléctrica y gas natural.

ARTÍCULO TERCERO: Los prestadores de servicios públicos de energía eléctrica y gas natural cobrarán a las entidades más arriba mencionadas un valor inferior equivalente al 40% del valor incluído en la facturación. Dicha suma deberá estar discriminada en la factura correspondiente.

ARTÍCULO CUARTO: De forma.



Emilio López Muntaner
Senador de la Provincia de Buenos Aires
FPV-PJ
Tel. 0221-4391723
elmuntaner@senado-ba.gov.ar






sábado, 10 de noviembre de 2012

EL 8 (N) QUE EXPLICA Y JUSTIFICA AL 7 (D)

Sueño de una noche calurosa


Los límites institucionales y políticos de protestas como las de anoche figuran en la Constitución. El rol de los monopolios de la palabra en esos acontecimientos, o cómo los manifestantes del 8N hablaban en clave Clarín. Entre Mariotto, Saintout, Pirandello y Pitágoras.

La calurosa jornada de protesta registrada anoche en varias ciudades del país, aunque con epicentro geográfico y cultural muy porteño  (las movilizaciones en el llamado interior fueron ofrecidas por la pantallas de la tele dominante para avalar a los del Obelisco y Plaza de Mayo), servirán hoy para un sinfín de especulaciones cuanticualitativas en torno a sus posibles significados, y para una no se sabe bien hasta dónde pirandelliana búsqueda de hacedores y o beneficiarios, porque si el italiano Luigi Pirandello escribió sobre los seis personajes que buscaban a su autor, los exaltados manifestantes de ayer rechazan sin más toda posibilidad de referencia en uno u otro de los jefecitos de la oposición, que fogonearon pero no se animaron a estar. En ese último sentido, hasta podría decirse que el 8N fue decididamente antigubernamental pero también condenatorio de los vocingleros políticos que se desgañitan contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner; o dicho de otro modo, a la derecha argentina le falta un Capriles (por el ex candidato a la presidencia de Venezuela Henrique Capriles) que pueda sintetizar deseos de dólares baratos, odios personales, sensibilización ante las consecuencias del delito, desprecio por el Estado y nostalgias dictatoriales, por ejemplo; y que, además, luego termine perdiendo las elecciones.

Cuando los cacerolazos de septiembre pasado, TN, el aparato mediático concentrado y la dirigencia opositora detrás, ponían en valor el carácter “espontáneo” y no organizado de la protestas, incurriendo en una doble falacia: primero que la espontaneidad nunca fue tal y segundo que, de haberlo sido, no hubiese implicado mérito alguno frente a la organización; es más, nuestras leyes que regulan el sistema republicano de gobierno prevén varias instancias organizativas, estatales y partidarias, para que el pueblo pueda ejercer el derecho a constituirse como voluntad soberana. Sucede que esa “no organización”, que se traduce en no política, forma parte del discurso histórico de la derecha argentina (que ni siquiera se animó nunca a llamarse así sino que siempre eligió el eufemismo de “centro”). Ejemplo de ello fueron los discursos de Mauricio Macri durante los tres procesos electorales que lo tuvieron como candidato.
Sin embargo, esta vez, no pudieron ocultar la organización que fue mucho más que la de una intensa actividad en las redes sociales. Circularon dinero, infraestructura, aparato de propaganda y logística, incluso internacional. El problema es que, cada vez que se negaron, esas formas organizativas actuaron como herramientas de actores que violaron las leyes y la Constitución.
Más allá de todas las consideraciones iniciales, este texto pretende ensayar acerca de las proximidades entre los números 8 (N) y 7 (D). No precisamente sobre las que derivan del calendario, ni mucho menos respecto de las que lucen como pitagóricas, en cuanto al concepto de los denominados “números amigos”, que lo son, dicen los matemáticos, cuando dos enteros positivos a y b conjugan de forma tal que a es la suma de los divisores propios de b, y b es la suma de los divisores propios de a, como el par de naturales 220 y 284, tal cual lo vio el propio Pitágoras, para quien los dos tenían cualidades mágicas.
El 8 y el 7 no son amigos, claro está, pero guardan una correlación inapelable, en la cual el primero explica a gritos el porque de la necesidad del segundo.
Al participar anoche en el programa 6,7,8, de la TV pública (toda asociación entre cifras es mera coincidencia y ninguna responsabilidad en ello tiene los seguidores de Pitágoras), la decana de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, Florencia Saintout, en cierto modo se refirió a una figura que no deja de ser ilustrativa: el Grupo Clarín como síntesis del aparato mediático hegemónico, y operando como una especie de espíritu maldito de una “perversa trinidad”, en la cual “el padre” seria el capital concentrado y “el hijo” la corporación política que les sirve y se ofrenda en su nombre. “Es curioso comprobar como la mayoría de los discursos que surgen de aquellos están en la protesta contra el gobierno nacional reproducen la agenda, los lenguajes y hasta las formas de decir de los programa de TN”, dijo.
Es que tal cual la configuración litúrgica y dogmática de la “santísima Trinidad”, el “espíritu” opera como hálito que le insufla vida a los cuerpos, como lo hacen la agenda y los lenguajes de Clarín a esa especie de confuso fervor antigubernamental que se expresó en la calles; de lo cual y para que los argentinos todos puedan decirse y leerse a sí mismo en estilos diversos, es que surge como necesario, grave y urgente el efecto que la Corte Suprema de Justicia le confirió al próximo día 7 de septiembre, fecha en que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual debe perfeccionar su plena vigencia.
De alguna manera, las observaciones de Saintouot en 6,7,8 coinciden con las apreciaciones que formulara este mismo jueves por la tarde, en Moreno, el vicegobernador de la Provincia, Gabriel Mariotto, durante un acto junto al intendente de esa localidad del Conurbano, Mariano West, y en el cual quedó inaugurada una nueva Casa Compañera, instancia de organización territorial que despliega el titular del Senado bonaerense para militar en torno al “proyecto nacional que conduce la presidenta”.
“Hoy podrán salir con la cacerolas que quieran, con las de teflón, que salgan con las de acero inoxidables, pero no van a poder con esta alegría. (…) Nosotros no aparecemos en la tele, no tenemos la visibilidad que tienen otros, pero nuestro 8N es como fue nuestro 7N, 6N, 3E, 4F. Siempre con la alegría permanente de una construcción que no se detiene”, aseguró Mariotto, para quien “el amor vence al odio y las urnas vencen a las cacerolas”.
Con esa última imagen, la de las urnas venciendo a las cacerolas, quien fuera por instrucciones de la presidenta hacedor de la Ley de Medios, configuró el límite mismo de maniobras como las desplegadas ayer desde el arco opositor más furibundamente antigubernamental: la voluntad popular expresada en el sufragio, la que hace un año le dio un respaldo histórico al actual gobierno nacional.
Por Victor Ego Ducrot

sábado, 27 de octubre de 2012

HOY ES UN DÍA ESPECIAL


Hoy es un día especial... Para salir. Para ver. Borrar las banderas, quitar los pensamientos, ver como el sol baña esa gente que decidió ir a homenajear a un gran hombre.


Es día para preguntarse si somos todos pelotudos que vamos detrás del... detrás de lo que sea que a vos te hayan metido en la cabeza que vamos. Y delante de... delante de lo que sea que a vos te hayan persuadido que vamos.

Hace dos años, en este día tan especial comenzaban las preguntas para muchos, las respuestas para algunos y la tristeza para todos. Nadie puede afirmar que no se sintió triste viendo esa caravana de gente que iba a darle un adiós a Néstor. Hasta el mas apático sabía que ese día iba a quedar para siempre en a historia. Y que se iba el tipo que caminaba entre la gente, el pingüino, el peregrino, el líder de los jóvenes que hacían fila llorando. Nunca vi tantos jóvenes llorando... y me sentí triste, y joven.

Hoy es un día especial, hace un año muchos vieron que no se apagaba el fuego, sino todo lo contrario. Muchos mas se sumaron y ya no había una fila yendo hacia el congreso, sino una columna caminando por toda la república. Muchos entendieron el mensaje y otros empezaban a preguntar por él. Insoportablemente vivo.

Hoy es un día especial... Hoy es el día en que vos volvés a los barrios, volvés a vencer el cansancio, volvés a dejar tu familia y tu sueño de lado para ir a ayudar a los que tienen muchos sueños que para vos ya son realidades. 

Hoy es un día especial. Es un día para dejar de insultar. Dejar de agraviar, vencer al oprobio y el sentimiento de venganza hacia un tipo que lo que hizo es poner su nombre y el nombre de nuestra patria en los libros de historia nacional y latinoamericana. De economía nacional, regional, latinoamericana y del mundo. Del tipo que hoy leen en muchos países del mundo que estuvieron siendo desangrados por las políticas de los grandes intereses financieros, o lo están. 


Hoy es un día especial. Para salir a ver todos los pelotudos que le hacemos el homenaje como él nos enseñó. Caminando por el barrio. 

Y si no es en tu barrio, también es un día especial. es el día en que podés salir de tu barrio, y dar una vuelta por algún barrio de esos en los que vive Néstor Kirchner. Y tal vez dejes de ser un piola, un analista de las cosas y te transformes en un pelotudo más... y comprendas que cuando todos los otros son pelotudos... es al menos raro...

Porque nadie pudo evitar la tristeza hace dos años. Porque nadie pudo evitar la sorpresa hace un año. Y nadie puede evitar verlo a Néstor en un barrio. Y te vas a ir silbando, bajito, pero cada vez mas fuerte. Y un día estallará tu corazón y vas empezar a cantar...


Muchas Gracias Néstor Kirchner, gracias por lo que nos diste...

Que tengas un buen día, un día muy especial.


Autor: Maximiliano Venegoni

Mabel Maidana, Co Coordinadora Comisión Nicolás Casullo
de Medios Audiovisuales en Carta Abierta





martes, 23 de octubre de 2012

LA COMISIÓN PROVINCIAL POR LA MEMORIA (CPM) CORRE SERIOS RIESGOS DE SUBSISTENCIA.



La Comisión Nicolas Casullo de Medios Audiovisuales en Carta Abierta envió su adhesión a la nota que presentó la Comisión Provincial por la Memoria al gobernador Daniel Scioli.

El desfinanciamiento de la CPM muestra que la política de DDHH no se encuentra entre las prioridades de la agenda gubernamental bonaerense.

Quienes deseen adherir, pueden hacerlo con urgencia a la siguiente dirección:
secretaria@comisionporlamemoria.org

Transcribimos a continuación la nota que la Comisión Provincial por la Memoria presentara al gobernador Scioli:


TEXTO de la Carta de Adhesión


La Plata, 17 de octubre de 2012
Al Sr. Gobernador de la provincia de Buenos Aires
Daniel Scioli     
S------------------------------------D                        

Nos dirigimos a Ud. a los efectos de expresarle nuestra preocupación ante la afectación de las políticas de derechos humanos y memoria provocadas por el desfinanciamiento de una de las instituciones más relevantes en esta materia como es la Comisión Provincial por la Memoria.

La CPM desarrolla acciones clave en defensa de los derechos humanos de los sectores más vulnerados, como son los que padecen los treinta mil detenidos en las cárceles bonaerenses, como así también investiga y propone iniciativas en pos de una mayor democratización de la sociedad, en particular las referidas a las fuerzas policiales y penitenciarias.

También lleva adelante una intensa actividad educativa a través de la formación y producción de materiales en derechos humanos y memoria, y trabaja con más de 1000 escuelas de la provincia y el país, reconstruyendo las memorias locales. Las tareas de conservación e investigación en el Archivo de la DIPPBA son de suma importancia para producir pruebas por los delitos de lesa humanidad y como fuentes documentales de la historia reciente.

Se ha constituido a lo largo de más de 12 años de trayectoria en una referencia para muchas organizaciones del país y del exterior, tanto por sus formas de trabajo rigurosas y profesionales, como por su pluralidad política e independencia.

Es por todo ello que solicitamos que el señor Gobernador rectifique una decisión que va en contra de políticas que cuentan con un amplio consenso de la sociedad.

Lo saludamos con nuestra consideración más distinguida. 
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Mabel Maidana, Co Coordinadora Comisión Nicolás Casullo
de Medios Audiovisuales en Carta Abierta


jueves, 18 de octubre de 2012

NOS INFILTRAMOS EN LA ASAMBLEA DE LA SIP


Desde las entrañas mismas del monstruo

Nos infiltramos en la Asamblea de la SIP




Por Ernesto Espeche / Las copas de champán, prolijamente acomodadas sobre la bandeja, recorrieron la sala de reuniones del hotel Renaissance. Allí estaban -entre otras personalidades ilustres- representantes de Clarín de Argentina; O Globo y Folha de Brasil; ABC Color de Paraguay; El Tiempo de Bogotá; El Nacional de Caracas; The Washington Post de Estados Unidos. Sí, todos juntos. También nosotros: APAS designó a un periodista avezado en tareas complejas para ingresar al cónclave y obtener información secreta sobre los planes de la resistencia mediática antipopular. Como es lógico, no obtuvimos acreditación oficial. Pero allí estuvimos, llenando las copas de los presentes. Un buen periodista debe, a veces, oficiar de mozo.
En la nota “Una voz al servicio de las dictaduras”, firmada por Natalia Brite, nuestra agencia hizo tiempo atrás una exhaustiva radiografía de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Recomendamos su lectura para obtener un mayor detalle sobre la historia de la institución. Para los fines de esta pieza, sólo bastará remarcar que se trata de una entidad de dudosa visión democrática, que avaló los peores regímenes autoritarios y operó en contra de cada proyecto popular en la región. No podía ser de otro modo: se trata de una organización compuesta por los dueños de los principales instrumentos de construcción de opinión pública en la modernidad y la principal herramienta de poder en el esquema unívoco de las democracias occidentales.
Nuestro enviado especial no logró interceptar algún testimonio de cierta relevancia periodística. Los comentarios, explicaciones y planteos que se escucharon durante las cuatro jornadas no trascienden el umbral de lo obvio, lo que esos mismos medios dicen a puertas abiertas todos los días en cada uno de nuestros países. Sin embargo, pudo captar un dato esencial: el estado anímico de los concurrentes puede graficarse, según nos cuenta, “como el sentimiento de encierro que provoca un gran patio trasero cuyas paredes (tres) lindan con el odio, la desesperación y la resignación”.
Más allá de las aptitudes literarias de nuestro periodista -está preparando su examen final de Literatura en la Facultad y, claro, debemos comprender sus impulsos metafóricos- el clima de la Asamblea se trasluce en un documento final de muy pobre factura.
Si bien el documento no lo dice de modo textual, la SIP asume la representación política de intereses minoritarios que no encuentran salida por vía institucional para atacar, en el campo de la batalla simbólica, a los Estados que despliegan políticas populares de gran impacto social. Quedó atrás aquel tiempo no muy lejano en que los medios hegemónicos administraban sin esfuerzos la reproducción de un sistema de valores y dejaban en manos de la dirigencia política la organización de un Estado afín a sus intereses. Entonces todo estaba más claro. La crisis política institucional que estalló en gran parte de nuestra Patria Grande a comienzos del nuevo siglo dejó a las corporaciones mediáticas en la línea de fuego y con la incómoda necesidad de poner al desnudo sus propios intereses.
El documento no dice nada diferente a lo que esas mismas empresas dicen a diario: “los problemas que afronta la prensa independiente” se explican por la injerencia de algunos gobiernos en el ejercicio de la “libertad de expresión”.
La SIP apela, una vez más, a su construcción mítica por excelencia: la “prensa independiente”. Su verdadero rostro, sin embargo, es el diseño opositor, destituyente o golpista en aquellas latitudes donde los Estados promueven políticas públicas de carácter popular, participativo y democrático. Por ello, cuando hablan en nombre de la “libertad de expresión” no hacen otra cosa que apelar a una vieja conversión que presenta sus intereses privados como si se tratase de derechos de validez universal.
Sigamos. Las conclusiones del encuentro equiparan la situación de Argentina, Venezuela y Ecuador. Según los asistentes, en esos países existe una “feroz ofensiva” que busca “silenciar al periodismo independiente”. Además, cuestionó que la presidenta Cristina Fernández no realice conferencias de prensa y criticó los aspectos medulares de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) sancionada en Buenos Aires por mayoría parlamentaria hace tres años.
Del documento se desprende que la realización periódica de conferencias de prensa ofrecidas por un mandatario es, en sí mismo, un indicador de calidad institucional. Ese supuesto tiene, sin embargo, una clara inconsistencia si se considera, con un mínimo de rigor analítico, que el derecho constitucional de todo ciudadano a conocer los actos de gobierno puede garantizarse mediante múltiples herramientas de divulgación. Los medios -para decirlo de una vez- no son entidades inmaculadas cuya función sea el ejercicio de cierto control de los poderes de la República. La historia se encargó de dejar en el ridículo todo argumento tejido en los márgenes del paradigma objetivista.
De hecho, los anuncios gubernamentales son interpretados a diario por el desbalanceado sistema de medios desde sus propios enfoques editoriales. Sí, en cambio, la ausencia de conferencias de prensa por parte de la Presidenta argentina impide al lobby periodístico socializar la perversa idea de que sus preguntas afloran como la mágica encarnación del sentir popular.
La decisión del gobierno nacional argentino se explica, entonces, por la lógica de un escenario comunicacional cuya característica es la concentración monolítica disfrazada de pluralidad y no la honesta explicitación de las parcialidades intrínsecas a las diferentes miradas sobre los hechos.
El documento de la SIP se anima, sin embargo, a denunciar que la “intolerancia de gobiernos autoritarios constituye los principales problemas que afronta la prensa independiente hoy en el continente”. Sostiene la existencia de una supuesta “ofensiva encabezada por los mismos presidentes de los países que busca silenciar al periodismo independiente en Argentina, Ecuador y Venezuela mediante leyes regulatorias, discriminación de la publicidad oficial e inmensos aparatos mediáticos estatales y privados utilizados para difamar y hacer campañas de desprestigio contra los periodistas”.
La afirmación anterior ratifica la actitud corporativa del poder mediático a escala continental. En rigor, la integración como modelo no es una potestad de los proyectos populares latinoamericanos; los sectores de la derecha regional acumulan décadas de experiencias de articulación estratégica. La gran diferencia reside, como es casi obvio, en el afán libertario, el espíritu emancipatorio y el carácter democrático que acompañan los esfuerzos integracionistas encabezados por los actuales mandatarios y sostenidos por sólidas bases sociales.
La mirada anticubana se mantiene como marca identitaria del organismo: “En Cuba, continúa la política del amedrentamiento, habiéndose detenido en septiembre a 533 opositores”. Y sigue: “en Haití, Venezuela, Honduras y Perú se asiste a un alto grado de violencia contra la prensa”. La SIP, en cambio, no se expresó contra los golpes de Estado en Honduras y Paraguay; ni condenó el intento de derrocamiento de Hugo Chávez en 2002.
Advierte, además, sobre el efecto contagio de la LSCA argentina: “Leyes de prensa que restringen la tarea del periodismo son promovidas en Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, Perú y Uruguay”.
Y se explaya: “En Ecuador la justicia carece de imparcialidad y continúa agrediendo a medios y periodistas bajo un discurso oficial hostil que genera autocensura, en tanto que en Brasil la justicia sigue fallando en contra de los medios para prohibir dar información”.
Sobre las implicancias del 7 de Diciembre, fecha límite para la adecuación de los monopolios de la comunicación a la normativa vigente en Argentina, advierte: “La amenaza a la prensa independiente puede tener un capítulo oscuro en diciembre, cuando el Gobierno pretende avanzar sobre los medios audiovisuales del Grupo Clarín desconociendo fallos judiciales y normas legales. Esos medios son los pocos que hoy informan con independencia del relato oficial”.
De hecho, la SIP anunció el envío de una comisión especial por este asunto. Aquí los esperamos. El mozo para el cóctel lo garantiza nuestra agencia.
VER ACÁ la nota sobre la SIP a la que hace referencia el autor.
Fuente: Agepeba, 17-10-2012

Mabel Maidana, Co Coordinadora Comisión Nicolas Casullo
de Medios Audiovisuales en Carta Abierta

lunes, 8 de octubre de 2012

LA CLAVE ES LA ORGANIZACIÓN POPULAR


54: el número maldito de un proyecto burgués


La clave es la organización popular
Las elecciones presidenciales en la República Bolivariana de Venezuela tuvieron una enorme relevancia para el proyecto de integración regional en curso. La opción del 7/O es extensible al escenario latinoamericano: transformación popular emancipatoria o restauración elitista conservadora.
Por Ernesto Espeche | Desde la Redacción de APAS Mendoza
01|10|2012


Si pensamos a la región como una totalidad, aquella que emana del viejo proyecto de la Patria Grande, nada de lo que ocurre en el plano doméstico de un país puede analizarse al margen de la compleja realidad colectiva y viceversa.

Nuestros países operan en conjunto en un mismo escenario. En la última década se abrió para todos los habitantes de Nuestra América una etapa signada por la crisis del proyecto rentístico financiero y la emergencia del campo popular a espacios de poder. Ese recorrido, diverso y contradictorio, se expresa hoy en el diseño de un proyecto popular emancipatorio que ubica a las históricas clases dominantes en una cruzada restauracionista.

El liderazgo popular de muchos de los mandatarios de esta parte del planeta se alimenta de una fuerte participación ciudadana y una original construcción de poder. Estamos, sin caer en miradas grandilocuentes, en la dura puja por reinventar la democracia, refundar el relato histórico y sepultar el modelo civilizatorio afirmado por décadas por una selecta minoría.

Al mismo tiempo, la elección de este 7 de octubre ostentaba rasgos particulares. Hugo Chávez, y la Revolución Bolivariana que conduce, están en el núcleo de la totalidad que contiene al proceso de integración en la actual etapa. La experiencia venezolana funciona como testigo de los cambios operados en la región: sus firmes definiciones ideológicas, el carisma de su líder y la intensidad de sus medidas marcan el pulso del cambio de época.

El llamado Socialismo del Siglo XXI está en el epicentro del proyecto popular a escala regional. Eso explica que las derechas se posicionen en cada país en referencia a las relaciones de los presidentes con Venezuela. Y no se equivocan: los gobiernos de Lula Da Silva, Dilma Rousseff, Fernando Lugo, Rafael Correa; José “Pepe” Mujica, Néstor Kirchner, Cristina Fernández o Evo Morales mantuvieron o mantienen espacios de acuerdo estratégico entre sí y con Venezuela. Juntos avanzan hacia un modelo que está en las antípodas de los intereses estadounidenses en la región y cobra cada día mayor fortaleza.

Eso explica, también, que en Venezuela se organizara en 2002 el primer intento golpista de nuevo tipo y se abroquelara la vetusta oposición política alrededor del eje articulador de las corporaciones mediáticas. La fórmula, aunque ciertamente limitada, se repitió casi siempre sin éxito en los países vecinos.

Allí también se consolidó una ecuación de hierro: la organización popular -la recuperación de la política como herramienta de cambio- es el mejor antídoto contra los efectos nocivos de la burbuja mediática. Por eso, ni más ni menos, Chávez se sometió a 15 procesos eleccionarios sin perder sustento social.

Por eso, además, Henrique Capriles expresó el burdo ensayo de la derecha de construir referencias cuyos discursos no expliciten de modo salvaje una torpe vocación antidemocrática. Se trata de un cambio de táctica que, sin embargo, no alcanza para revertir la debacle opositora. Por los motivos expuestos en el párrafo anterior, todos los sondeos en la previa del comicio ubicaron al Presidente como el candidato favorito. Solo restaba conocer el margen de la ventaja final. Fue contundente: 54 por ciento, el número maldito del proyecto burgués, tal como sucedió en Argentina hace un año.

En todo caso, experimentos como el de Capriles podrían tener algún éxito si, luego de su exportación, lograran capitalizar un hipotético agotamiento del dinamismo transformador que sostiene a los mandatarios que adscriben a la tradición popular sudamericana. La restauración conservadora pendula sin brújula entre la factoría de una esperanza blanca que socave la legitimidad democrática de los procesos políticos en curso y los groseros intentos destituyentes anticonstitucionales.

Por eso, finalmente, el 7 de octubre votamos todos.

Fuente: Agencia Periodística de Argentina y América del Sur
Mabel Maidana, Co Coordinadora Comisión Nicolás Casullo
de Medios Audiovisuales en Carta Abierta.



miércoles, 26 de septiembre de 2012

DECLARACIÓN DE APOYO A HUGO CHÁVEZ APROBADA EN LA ASAMBLEA DE CARTA ABIERTA REALIZADA EL SÁBADO 22 DE SEPTIEMBRE



DECLARACIÓN DE CARTA ABIERTA

7 de Octubre:    el triunfo de Hugo Chávez será un triunfo de la causa latinoamericana

El próximo siete de octubre se realizarán elecciones a los principales cargos nacionales en la hermana República Bolivariana de Venezuela. No es una elección intrascendente: en gran medida se juega en ella la posibilidad de continuar con éxito el proceso de integración latinoamericano, en un marco de soberanía nacional y participación popular. Hugo Chávez Frías pone en juego su liderazgo, confiando en que el pueblo con su voto consolide el proceso de transformación social y político mas importante de ese gran país.

Desde el inicio del gobierno encabezado por Hugo Chávez fue claro su compromiso de aportar, con su sello singular, inteligencia y esfuerzo, a un proyecto popular en el que la unidad de los pueblos latinoamericanos figurase en el primer lugar de la agenda.

En su derrotero de reformas profundas, recuperando dignidad y otorgando visibilidad a una gran mayoría de venezolanos sumergidos, nunca cejó en el esfuerzo de aunar las capacidades de las naciones suramericanas para enfrentar a los poderosos del mundo.

Muchos y constantes obstáculos fueron los que debió sortear su gobierno: las agresiones de los grupos conservadores de su país, las presiones imperialistas e intentos de golpes de estado (fracasados por la intervención popular), y la desestabilización permanentemente fogoneada por los medios de comunicación concentrados en una práctica conocida por todos los argentinos.

Cuando, como respuesta rápida y soberana al vergonzoso atropello institucional en Paraguay, se concreta la incorporación de Venezuela al MERCOSUR, la región se convierte en uno de los espacios socioeconómicos de mayor potencialidad en el mundo. Es un momento de trascendencia histórica con el comienzo de un promisorio proceso de paz en la convulsionada Colombia pero que no termina de despejar las amenazas de intervención imperial que merodean la zona: un contundente triunfo en la hermana Nación es imprescindible.

Así con Venezuela incorporada al Mercosur, la poderosa articulación de Brasil, Venezuela y Argentina se constituye en la espina dorsal de un armazón político, que junto a Ecuador, Uruguay, Bolivia y Cuba, es capaz de contener y potenciar la diversidad de experiencias sociales que alumbran el nacimiento de un nuevo mundo que pugna por la inclusión social, el desarrollo económico y la paz.

En cambio si Capriles, el prototipo echado a rodar por la derecha, aderezado con los atributos artificiales fabricados por los grandes medios del establishment y magnificado por los dólares norteamericanos lograra conmover el escenario favorable a los intereses nacionales del pueblo venezolano, una cuña fatídica se instalaría, echando una sombra siniestra desde Honduras a Paraguay, pasando por Venezuela.
Los lazos entre nuestro país y la Venezuela conducida por Chávez se profundizaron principalmente luego del 2003. El protagonismo conjunto del presidente bolivariano y Néstor Kirchner en el entierro del ALCA y la búsqueda de la paz en la región, puesta en acto al desarmar el conflicto entre el Ecuador de Correa y la Colombia presidida por Uribe, son hitos fundantes de una construcción de fraternidad y unidad política que necesitamos que se continúen y fortalezcan para enfrentar las dificultades de un mundo en crisis.

Venezuela es un eslabón protagónico de nuestro presente y la continuidad de su perfil político es garante de soberanía popular. Una claro victoria de Hugo Chávez en Octubre multiplica las posibilidades de crecimiento, desarrollo y estabilidad para las fuerzas populares de la región que iniciaron un camino emancipador y constituye un espaldarazo a las nuevas instituciones integradoras como la UNASUR, la CELAC y el ALBA, manteniendo abierto un camino de esperanza a los luchadores, que desde la oposición a gobiernos conservadores, intentan sumarse a este histórico proceso.

Si Hugo Chávez triunfa, triunfa el pueblo venezolano pero también el proyecto emancipador que se extiende por Latinoamérica. Significará un afianzamiento de su proyección estratégica hacia la conformación de un polo alternativo en un mundo signado por la convulsión y la crisis.

El gobierno argentino en palabras, gestos y acciones de Cristina Fernández de Kirchner, ha dado muestras claras de la decisión de apoyar y defender una alianza estratégica con la república bolivariana y su gobierno, puesto que esa hermandad expresa el más hondo sentimiento del pueblo que la sostiene.

Por todo esto, para Carta Abierta, no nos es indiferente el resultado de esas elecciones; desde el seno del pueblo argentino damos nuestro más caluroso apoyo a la candidatura de Hugo Chávez Frías a la presidencia de la Nación Bolivariana, repudiamos la campaña internacional mediática de agresión y ataque a su figura y acompañamos la movilización popular que la defiende.

Buenos Aires, septiembre de 2012.
 Espacio CARTA ABIERTA, Argentina
(Integrado por miles de trabajadores de la cultura y las artes, profesionales e intelectuales)
Mabel Maidana Co Coordinadora 
Comisión Nicolás Casullo de Medios Audiovisuales en Carta Abierta


viernes, 21 de septiembre de 2012

NICOLÁS CASULLO, ENTRE VIENA Y BUENOS AIRES


Por: Ricardo Forster

A Nicolás Casullo siempre le agradó, si es que vale este término, el lugar del margen, el sitio de frontera, las geografías del fin del mundo desde las cuales indagar mejor el crepúsculo de la modernidad y del proyecto civilizatorio encarnado por un Occidente extraviado de sus propias tradiciones. Recuerdo la fascinación compartida ante un artículo del historiador estadounidense Richard Morse, “Las ciudades periféricas como arenas culturales”, en el que se pasaba revista a San Petersburgo, a Viena, a Río de Janeiro y a Buenos Aires como esos enclaves urbanos colocados en la periferia que, sin embargo, pudieron, a través de ciertas literaturas, ver mejor y más profundamente lo que el centro metropolitano no alcanzaba a ver de sí mismo y de su decadencia (allí estaban algunas páginas memorables de Dostoievski, de Musil, de Machado de Asís y de Estanislao del Campo para seguir las huellas de ciudades espectrales en las que la modernidad había dejado una marca cuya visibilidad ofrecía contornos que no eran observables en las urbes del centro más dispuestas a vivir su esplendor enceguecedor que a transitar por esos bordes del sentido que sólo suelen habitar los sitios del margen, esos que la literatura alcanza a vislumbrar con mayor profundidad que las indagaciones de las ciencias sociales).

A Casullo siempre le fascinaron esos sitios a deshora, esos rincones urbanos que parecían remitir a un tiempo acontecido, esos bares y cafés que atesoraban la memoria de conversaciones antiguas. Su fascinación por la Viena fin de siglo se relaciona directamente con esa mirada crepuscular y decadente que se desplegó, casi como una segunda naturaleza, por la ciudad mítica de ese extraordinario tiempo de una modernidad que se preparaba para entrar en su propia noche. Viena fue la ciudad de las contradicciones y las opacidades, el sitio del esplendor y de la hipocresía, el del refinamiento mayúsculo de la cultura y el de la miserabilidad obrera; la ciudad de Freud, de Klimt, de Mahler y de Schoenberg, pero también la que vio deambular por sus cafés y calles espléndidas a un joven aspirante a pintor frustrado que dejaría su impronta brutal en el siglo que estaba comenzando. O esa otra ciudad trajinada pobremente por exiliados rusos que, reunidos en sus cafés, soñaban con una revolución que, aunque no lo supieran, estaba a la vuelta de la esquina mientras León Trotsky –“La pluma”– escribía sus artículos incendiarios y las prostitutas satisfacían lo que las elegantes mujeres vienesas, respetables e histéricas que tanto hicieron para inspirar al fundador del psicoanálisis, no podían hacer con sus esposos y pretendientes.

De Viena lo fascinó su decadentismo cultural, esa manera tan extraña de caminar al borde del precipicio como si nada pudiera suceder; pero también le impactó su cosmopolitismo que le permitió mezclar desde el conservadurismo más anacrónico de un emperador que vivía sin luz eléctrica, sin teléfono ni ninguna otra tecnología de una modernidad que lo abrumaba y lo aterrorizaba y a la que no podía entender, pasando por las primeras formulaciones del antisemitismo devenido en política de masas con el famoso alcalde Lüger, hasta llegar al austromarxismo y a las más diversas experimentaciones vanguardistas que no dejaron ningún lenguaje del arte por tocar. Viena fue para el ensayista argentino un viaje por la literatura de von Hofmannsthal y de Musil, de Hermann Broch y de Elías Canetti (todos amparados bajo la sombra desbordante de Karl Kraus, personaje de ese tiempo vienés que tanta influencia tendría sobre ciertas interpretaciones casullianas ligadas a los medios de comunicación y a la industria de la cultura, allí donde un discurso irreverente y subversivo lograría anticipar la catástrofe que se avecinaba y que en la indagación de Kraus asumía la forma de la degradación del idioma). Pensando en la significación que podía tener ese largo viaje hacia una geografía temporal y espacial tan aparentemente alejada de nuestras problemáticas de sociedades tercermundistas en medio de una crisis cuyo final no se avizoraba en el inicio de los años ’90, Casullo se ocupó y se preocupó por señalar los vasos comunicantes y las potencialidades iluminadoras de la que era portadora esa época crepuscular de principios de siglo XX: “Como si aquel tiempo centroeuropeo entre dos siglos –escribió en La remoción de lo moderno. Viena del 900– pudiese emblematizar la crónica de los sub-pueblos de la cultura moderna, aquellos pueblos que desde sus regiones de lejanía, le regresaron a la modernidad un espejo crítico inusual y anticipado […]. Como si la frontera, ese ser ‘al sur de una punta’ como comienza Sarmiento su primer capítulo del Facundo, sería en lo moderno, algo similar a lo que expresa Magris para Viena-Mitteleuropa: ‘ese arte de vivir en el borde de la nada como si todo estuviese en su sitio’”. Nicolás fue a buscar a la ciudad-marca del Imperio no sólo las evidencias de una modernidad en crisis sino que, como si fuese un espejo, indagó, a través de ese viaje, la actualidad argentina que, en su mirada crítica y conocedora de las “ruinas de la historia”, se acercaba fatídicamente a esa escenografía “de los últimos días de la humanidad”.

Nicolás Casullo piensa “Viena” como un laboratorio que anticipó en gran parte el devenir posterior de una modernidad burguesa que era incapaz de eludir su propia crisis, del mismo modo que en ese “estallido del sentido” era posible vislumbrar a un sujeto atravesado por la ilusoriedad y “un preanuncio de corte posmoderno de lejanía y descentramiento”. En el cierre de la década del ’80, y cuando la hiperinflación hacía estallar los últimos entusiasmos democráticos abiertos por el gobierno de Alfonsín, Casullo viajaba en el tiempo para intentar comprender un presente en estado de zozobra, una época que se movía entre el derrumbe de la Unión Soviética que terminaba por demoler las ilusiones de ese otro gran relato de la modernidad que fue el socialismo, y el anuncio del fin de la historia y de la muerte de las ideologías. Tiempo de una posmodernidad triunfante y agresiva que se mezclaba con filosofías de la deconstrucción del sujeto y de la radical puesta en cuestión de los últimos principios actuantes de un proyecto, que si bien Jürgen Habermas declaraba “inconcluso”, parecía estar recorriendo su último camino hacia la disolución mientras, en paralelo, la economía-mundo de un capitalismo dominado por su matriz financiera se desplegaba sin contrincantes y rompiendo los últimos diques de contención que hasta ese momento le planteaban los “socialismos reales” (definitivamente agusanados por sus propias falencias y horrores) y una socialdemocracia que también iniciaría su tiempo de ocaso y de repliegue hasta convertirse, incluso, en funcional a la cristalización del modelo neoliberal. En todo caso, Casullo encontró en Viena el anticipo de “un mundo de ruinas” que se proyectaba, bajo la forma de la anticipación, al cierre de una época iniciada con la ilustración y que estallaría a partir de la Primera Guerra Mundial. Viena fue también el jeroglífico que le permitió desentrañar de qué modo en esa ciudad mítica la revolución no fue otra cosa que una conversación erudita, un juego de innovación estética o la pura evidencia de su imposibilidad en el mismo momento histórico en el que asumía todo su esplender incendiando las estepas rusas y proyectando hacia Occidente el sueño realizado de las insurrecciones obreras. Mientras eso sucedía en San Petersburgo y en Moscú, en Odessa y en Bakú, mientras Lenin, con su Marx releído con los prismas de un Hegel recién descubierto, no sólo teorizaba sino que lideraba la revolución bolchevique, la de los obreros, soldados y campesinos, y John Reed viajero y cronista de la revolución escribía Diez días que conmovieron al mundo, en Viena lo importante podía discutirse cómodamente sentados a la mesa de algún café de la Ringstrasse. Mucho tiempo después, en otra encrucijada de la historia moderna, recurriría a Viena para pensar una Buenos Aires espectral que emergía, alocada y desorbitada, de la noche de la dictadura, de la desilusión democrática y del aquelarre hiperinflacionario.


“¿Hasta dónde estas distancias vienesas y mitteleuropeas, latiendo hacia afuera y hacia adentro de su finisecular y definitiva constitución moderna –se preguntaba Casullo–, no se aproximan a nosotros? ¿O es sólo la fragilidad de una escritura en otra víspera de época, la que puede trazar citas de ciudades lejanas al epicentro moderno parisino, londinense, y descifrar en ciertas crónicas urbano culturales de los costados, de las afueras, de las distancias, una postergada y a lo mejor inútil similitud de duelos en la historia?”. A él le fascinaban las similitudes entre ese caminar por el borde del precipicio que experimentaba en la Buenos aires de la hiperinflación y la que reconocía en la ciudad de los Habsburgos y en esas escrituras capaces de contemplar los bordes del abismo intentando, sin embargo, encontrar palabras que pudieran decir un mundo en estado de zozobra. No fue casual que citara a Emile Cioran en el comienzo de su ensayo sobre la Viena fin de siglo y como una suerte de programa de su propia biografía y búsqueda intelectual: “Ese es el drama –escribe el filósofo rumano– pero también la ventaja de haber nacido en un medio cultural de segundo orden. Esa sed de peregrinar a través de las literaturas y de las filosofías. Lo que sucede en el Este de Europa debe necesariamente suceder en los países de América latina. Estar destinados, forzados a la universalidad, a ejercitar el espíritu en todas direcciones. Un yo del que todo emana y en el que todo acaba. El yo como farsa suprema. ¿Dónde se halla la realidad en todo esto?”. Viena y Buenos Aires como brújulas de una modernidad desorientada, como señales del fin de una época y como mojones de una crisis capaz de iluminar con mayor intensidad el agotamiento de un proyecto civilizatorio.
En el final de los años ’80 y al inicio de la emblemática década del ’90, Casullo no podía, todavía, imaginar el desenlace aunque sí anticipar que la corrosión del neoliberalismo en Sudamérica haría más indispensable seguir por la huella de esos pensamientos del margen; lo que sabía era que para avanzar con las armas de la crítica era decisivo descolonizar la conciencia alejándola de las irradiaciones de un centro que en su potencia hegemónica se devoraba sin miramientos la independencia reflexiva y transformaba a los intelectuales periféricos en meros repetidores de lo que se cocinaba en las academias del norte. Por eso le fascinaba esa encrucijada mitteleuropea en la que algunos espíritus fuertes y arriesgados decidieron ir hasta el fondo de las cosas para descubrir, al mirar del otro lado del umbral, que todo tambaleaba. Al autor de Las cuestiones le interesaba “trabajar los pretéritos para pensar los matices que tendrá el epílogo de un gran período histórico, (este que vivimos)”, por eso el viaje hacia Viena y el intento de jugar en espejo con Buenos Aires, ciudades, ambas, “que en un preciso período engarzaron desconciertos parecidos sin advertir la semejanza”. Peregrinación desde la desolación de un presente que espectralmente lo remite hacia ese pasado en el que la modernidad se enfrentó a su propia obsolescencia. Bordes, ambos, de una época que se despide de su refulgente novedad bajo la forma de los lenguajes de la interrogación y del silencio.
Por eso nunca dejaba de mencionar que Buenos Aires, “su” ciudad, guardaba, gracias a las crisis recurrentes, algo de un pasado que la piqueta modernizadora no había terminado por disolver y que, siguiendo otras pistas y otras historias, le permitían comprender la dialéctica entre esplendor y decadencia. Su fidelidad por el barrio de la infancia y la adolescencia, por ese Almagro de milongas y de tanos verduleros, se entrelazó, qué duda cabe, con esas otras fidelidades a saberes, ideas, lecturas y tradiciones que nunca lo abandonaron aunque en cada momento de su vida pudieron asumir distintas características o, algunas, permanecer a un costado a la espera de su oportunidad.
Buenos Aires siempre fue para él la ciudad de las mezclas y de los intercambios, el sitio de las confluencias y de las tradiciones múltiples; lugar mítico en el que el centro se vuelve periferia y la periferia se vuelve centro enlazando lenguas que viniendo de los distintos confines terminan por ir dándole su fisonomía a la lengua de los argentinos. Una ciudad de aperturas pero también de estrecheces y prejuicios que siempre parecía avergonzada por extraviar su origen europeo en medio del avance irreversible de la barbarie. Para Nicolás la ciudad de los márgenes remitía a la oportunidad de ver lo que el centro hegemónico no alcanza a ver de sí mismo, como si todavía persistiesen esos anacronismos que, de algún modo, interrumpen la fatalidad de la modernización y que alcanzan para auscultar el rostro de la herrumbre en medio de los esplendores de las ciudades del capitalismo triunfante. De ahí la atracción de ese artículo de Richard Morse y la empatía con la que leyó las reflexiones que hiciera Emile Cioran al morir Jorge Luis Borges: para el filósofo rumano la coincidencia que se daba entre el escritor argentino y él era, precisamente, que los dos venían de extramuros, de rincones apartados del centro del mundo y que, justamente por eso, estaban obligados al cosmopolitismo, a la indagación que transgrede las fronteras y el provincianismo que Cioran les achacaba a los parisinos que, eso escribió, son incapaces de ver más allá de sus narices. Nicolás jugaba con esta imagen de una Buenos Aires babélica aunque también, y sobre todo al enfrentarse a la degradación cultural y social de las últimas décadas del siglo XX, no podía dejar de señalar su profundo deterioro, su extravío hacia el páramo de la pasteurización de época que le iba rapiñando sus enigmas y sus especificidades de ciudad moderna que supo cobijar en su seno historias míticas enhebradas con multitudes desafiantes del poder establecido y empecinadas en dejar su marca en la vida argentina. Pero también la ciudad del dolor y la violencia, la de los grandes sueños transformados en pesadillas por un poder criminal que alteró para siempre su fisonomía de ciudad burguesa para ofrecer, en muchos de sus rincones, la huella de lo siniestro. A lo largo de su vida insistió en caminar y vivir Buenos Aires como si, de algún modo, siguiera siendo la de sus grandes escritores y la de esos acontecimientos vueltos míticos que le otorgaban una rara atmósfera de anacronismo en medio de una época absolutamente homogeneizadora de experiencias, estilos, lenguajes y tradiciones.
Pero también hay otra lectura en la que se juzga muy duramente la ciudad del olvido, la que va dejando brutalmente atrás la memoria de un pasado que se quiere tabicar bajo los signos de la especulación inmobiliaria o las elegías de un progreso que siempre tenía el rostro girado hacia el futuro y como negadora de sus noches de sangre y fuego que van desde los pogroms de la Semana Trágica hasta las cacerías nocturnas de los años de la dictadura de Videla. “La propia ciudad de Buenos Aires –escribe en Pensar entre épocas– es la monografía insuperable de cómo jamás supimos vivir sintiendo que habría cosas que guardar, no demoler, pero sin referirlo. Hay algo que no debe ser violentado aunque no tenga decreto protector, ese algo a reencontrar se da en el supuesto silencio arquitectónico de una calle que no está ahí para la memoria, y sin embargo es eso: el imprescindible ser hacia atrás para poder mínimamente concebirnos. Seguimos siendo la tierra urbana arrasada y sin historia de la especulación inmobiliaria del 900, que mudó de barrio, de nombres de calles y de amores y aniquiló todo resto colonial. Nuestra historia de ojos siempre empieza en el último diseño de pizzería o en ocho restaurantes caros que fundan ‘un barrio’. Se dice y se repite que la dictadura del 1976 cortó una historia intensa con nuestro pasado, mal o bien entrelazada. Nosotros, los de mi generación, seríamos aquella juventud que pudo asistir o intervenir en la última disputa por la historia: creer que en la memoria falaz o cierta de las cosas ocurridas hacía mucho anidaba el secreto como resolución nacional postergada”. En todo caso, Nicolás Casullo no dejó de perseguir, tanto en sus recuerdos como a través de su escritura, las huellas, las marcas y los restos de una ciudad en la ciudad, de una Buenos Aires espectral que guardaba, pese a todo, la memoria que, eso no dejaba de señalarlo enfáticamente, es siempre de un pasado construido bajo los prismas y las urgencias del presente.
Fuente: diario Tiempo Argentino

domingo, 16 de septiembre de 2012

LA PLATA, HOMENAJE A JUAN DOMINGO "BOCHA" PLAZA


Desapareció el 16-9-1976 a mediodía en La Plata. Lo secuestraron en un bar  en la esquina de 7 y 34. Lo vieron en el Batallón de Infantería en la calle 1 y 60. Nunca se supo nada más de él.

El 18 de setiembre se colocará una baldosa frente a la casa donde vivió con su familia y sus hermanos.


Mabel Maidana, Co Coordinadora Comisión Nicolás Casullo
de Medios Audiovisuales en Carta Abierta.

lunes, 3 de septiembre de 2012

MEMORIAS DE UN MERCENARIO (folletín verídico): UNA INJUSTICIA PORNOGRÁFICA



Les decía que nunca agradezcan nada. Para la revista Noticias yo había logrado una muy buena nota sobre –contra- Eduardo Eurnekian, a partir del muy buen material que silenciosamente me había enviado Julio Ramos. No le debía nada. Nuestros intereses se alinearon: yo tenía que escribir contra Eurnekian, y él quería destruirlo.

Por Daniel Ares (*) / No le debía nada, pero igual me lo cobró. Y enseguida, antes de un año. Eran los inicios de los años ‘90 cuando los dueños de los medios se echaban sobre las privatizaciones del COMFER, como gatos al camarón. El COMFER, entonces, lo dirigía Guinzburg, León Giunzburg. Ramos lo odiaba a él también.

Yo ya no estaba en Noticias, ya trabajaba de vuelta para la Editorial Atlántida (ver No odies a tu enemigo, contrátalo), en una revista recién nacida, casi abortada, hecha de apuro tan luego para dicho juego de gatos y camarones. La revista se llamaba Tele Clic, pero de ella les hablaré en otro momento, porque así, pequeña y nueva, de género menor, fue sin embargo una de las mejores y más ilustrativas historias de mi carrera.

El caso es que llevado por la temática de las licencias y sus privatizaciones, allí una tarde me encuentro frente a Julio Ramos en su despacho de director y dueño del diario Ámbito Financiero, grabador en mesa, todo listo para la entrevista con aquél tiburón lleno de dientes, y de ferocidades…

No recuerdo nada de la entrevista, a no ser que en un momento, Ramos gritó:
- ¡Lo que pasa es que Guinzburg es un coimero!…
El cazador de escándalos sabe reconocer una buena presa apenas la oye. Le señalé el grabador, le recordé que grababa.
Ramos lo miró, se le acercó bien, y en voz aún más alta, dijo:
- ¡El señor León Guinzburg, director del Comfer, es un coimero!
Y luego se acomodó de nuevo en su sillón y me miró como quien sopla sus dos pistolas recién disparadas.
Contento con mi injuria en exclusiva, publicamos la entrevista inmediatamente, y aquella frase fue en un destacado cuerpo 38.
La pólvora no estaba mojada, y explotó tal cual lo esperábamos. La nota armó su revuelo, y tanto, que poco tardó León Guinzburg en procesar a Julio Ramos por injurias y calumnias. Los grandes medios recogieron la noticia. Tele Clic crecía.
Pero yo me vi en problemas.
La denuncia de Guinzburg contra Ramos entró en el juzgado de la jueza María Servini de Cubría, y allí inmediatamente, apenas citado, Ramos se desdijo de todo alegando que eran todos inventos míos.
Me reí, yo había guardado, como corresponde, aquel cassette con los gritos de Ramos. Ja já. Me reí, sí.
Pero allí vino el doctor Pablo Argibay Molina, abogado entonces de la Editorial Atlántida, a explicarme que no, que yo no debía reírme. Que todavía faltaba mucho para los Kirchner, y que aun la ley protegía a los editores de lo que firmaban sus periodistas, porque las vaquitas eran ajenas y bla blá, y que de nada servía ese cassette de mierda, porque además existía aún una figura legal llamada “vehículo de injuria”, por la cual yo, al reproducir aquellos dichos de Ramos, era ya tan culpable como Ramos, y ahora que Ramos se había desdicho, yo era el único culpable de todo. 

Nunca agradezcan nada.

De ese enredo no me sacó ni Argibay Molina, ni Ramos, ni mi nuevo abogado, que el día de la audiencia llegó dos horas tarde… De ese enredo me sacó, en tal caso, la amable doctora Servini de Cubría, a quien sí, ya que está, le agradezco. Nunca agradezcan nada, pero hacéte amigo del juez.

Habían pasado ya dos o tres años de todo aquello, yo no estaba más en Atlántida, y por supuesto Argibay Molina –Atlántida, bah- había abandonado mi defensa sin siquiera avisarme. Mercenario que para, mercenario que cierra…

En fin, el caso es que allí estaba yo ahora, en el banquillo y sin abogado, solito con mi viejo casette, frente a León Guinzburg -hecho un auténtico león junto a su adusto equipo de leguleyos-, y la doctora Servini de Cubría, que me miraba así … preguntándose como yo quién iba a defenderme…
Mi abogado por fin llegó, pero para entonces ya todo había terminado.
Hartos de esperarlo, expuse yo mismo los hechos, asistido por la más pura verdad, y para ilustrarlos mejor, les hice oír el casette. Claramente era Julio Ramos el que allí decía lo que después dijo que no había dicho. Claramente, sí, pero… marche preso igual: el casette no servía como prueba, y yo seguía en problemas.
Entonces la doctora Servini de Cubría, con el acuerdo de Guinzburg y de sus abogados -y sin que yo proponga nada-, aceptaron que yo aceptara la versión de Ramos, y me retractara allí mismo por haber inventado tales calumnias ¡y haberlas puesto encima en boca de otro!…
Se trataba de una injusticia de ribetes pornográficos, más bien, pero la alternativa era el calvario de una causa contra Ramos -mientras me defendía de Guinzburg-, y que antes de acabar, acabaría conmigo.
Sin abogado aún, allí todavía, con la Servini ahí, que maternal y misericordiosa me aconsejaba mentir para salvarme; y don León al lado -vuelto de pronto un buen león herbívoro -, y yo joven todavía, sí, pero cada vez menos (esto es: ya con más problemas que expectativas), bueno… para cuando entró mi abogado disculpándose por el tránsito, yo ya me había retractado de lo que nunca había dicho, y ya hablábamos todos de otra cosa. La doctora Servini ordenó una vuelta de café. La pasamos bonito.
Al día siguiente apenas, el diario Ámbito Financiero destacaba en un recuadro la integridad del señor Julio Ramos, cuya inocencia había sido demostrada en la causa por injurias contra León Guinzburg, a partir de la confesión de parte del propio Daniel Ares, autor de la nota…

Para entonces yo trabajaba en el diario La Prensa. Lo llamé a Ramos, desde la redacción, inmediatamente, apenas leo aquél recuadro.

Como era de esperar, Ramos no pudo atenderme, hablé con Roberto García, su mano derecha de toda la vida, un gran mercenario, un par, le recordé la verdad de los hechos, le pregunté si no era por lo menos para ahorrarse aquél recuadrito que todos sabíamos tan indigno.

Pero la verdad no recuerdo qué me dijo Roberto, si es que algo me dijo… Apenas me oí decir lo que le decía, sentí que hablaba solo, que le preguntaba a la lluvia por qué el agua mojaba…
Nunca agradezcan nada, no.
Al juez tampoco. Ni el café.
(*) El autor es editor de Elmartiyo.blogspot.com

Mabel Maidana, Co Coordinadora Comisión Nicolás Casullo
de Medios Audiovisuales en Carta Abierta