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lunes, 8 de octubre de 2012

LA CLAVE ES LA ORGANIZACIÓN POPULAR


54: el número maldito de un proyecto burgués


La clave es la organización popular
Las elecciones presidenciales en la República Bolivariana de Venezuela tuvieron una enorme relevancia para el proyecto de integración regional en curso. La opción del 7/O es extensible al escenario latinoamericano: transformación popular emancipatoria o restauración elitista conservadora.
Por Ernesto Espeche | Desde la Redacción de APAS Mendoza
01|10|2012


Si pensamos a la región como una totalidad, aquella que emana del viejo proyecto de la Patria Grande, nada de lo que ocurre en el plano doméstico de un país puede analizarse al margen de la compleja realidad colectiva y viceversa.

Nuestros países operan en conjunto en un mismo escenario. En la última década se abrió para todos los habitantes de Nuestra América una etapa signada por la crisis del proyecto rentístico financiero y la emergencia del campo popular a espacios de poder. Ese recorrido, diverso y contradictorio, se expresa hoy en el diseño de un proyecto popular emancipatorio que ubica a las históricas clases dominantes en una cruzada restauracionista.

El liderazgo popular de muchos de los mandatarios de esta parte del planeta se alimenta de una fuerte participación ciudadana y una original construcción de poder. Estamos, sin caer en miradas grandilocuentes, en la dura puja por reinventar la democracia, refundar el relato histórico y sepultar el modelo civilizatorio afirmado por décadas por una selecta minoría.

Al mismo tiempo, la elección de este 7 de octubre ostentaba rasgos particulares. Hugo Chávez, y la Revolución Bolivariana que conduce, están en el núcleo de la totalidad que contiene al proceso de integración en la actual etapa. La experiencia venezolana funciona como testigo de los cambios operados en la región: sus firmes definiciones ideológicas, el carisma de su líder y la intensidad de sus medidas marcan el pulso del cambio de época.

El llamado Socialismo del Siglo XXI está en el epicentro del proyecto popular a escala regional. Eso explica que las derechas se posicionen en cada país en referencia a las relaciones de los presidentes con Venezuela. Y no se equivocan: los gobiernos de Lula Da Silva, Dilma Rousseff, Fernando Lugo, Rafael Correa; José “Pepe” Mujica, Néstor Kirchner, Cristina Fernández o Evo Morales mantuvieron o mantienen espacios de acuerdo estratégico entre sí y con Venezuela. Juntos avanzan hacia un modelo que está en las antípodas de los intereses estadounidenses en la región y cobra cada día mayor fortaleza.

Eso explica, también, que en Venezuela se organizara en 2002 el primer intento golpista de nuevo tipo y se abroquelara la vetusta oposición política alrededor del eje articulador de las corporaciones mediáticas. La fórmula, aunque ciertamente limitada, se repitió casi siempre sin éxito en los países vecinos.

Allí también se consolidó una ecuación de hierro: la organización popular -la recuperación de la política como herramienta de cambio- es el mejor antídoto contra los efectos nocivos de la burbuja mediática. Por eso, ni más ni menos, Chávez se sometió a 15 procesos eleccionarios sin perder sustento social.

Por eso, además, Henrique Capriles expresó el burdo ensayo de la derecha de construir referencias cuyos discursos no expliciten de modo salvaje una torpe vocación antidemocrática. Se trata de un cambio de táctica que, sin embargo, no alcanza para revertir la debacle opositora. Por los motivos expuestos en el párrafo anterior, todos los sondeos en la previa del comicio ubicaron al Presidente como el candidato favorito. Solo restaba conocer el margen de la ventaja final. Fue contundente: 54 por ciento, el número maldito del proyecto burgués, tal como sucedió en Argentina hace un año.

En todo caso, experimentos como el de Capriles podrían tener algún éxito si, luego de su exportación, lograran capitalizar un hipotético agotamiento del dinamismo transformador que sostiene a los mandatarios que adscriben a la tradición popular sudamericana. La restauración conservadora pendula sin brújula entre la factoría de una esperanza blanca que socave la legitimidad democrática de los procesos políticos en curso y los groseros intentos destituyentes anticonstitucionales.

Por eso, finalmente, el 7 de octubre votamos todos.

Fuente: Agencia Periodística de Argentina y América del Sur
Mabel Maidana, Co Coordinadora Comisión Nicolás Casullo
de Medios Audiovisuales en Carta Abierta.



miércoles, 26 de septiembre de 2012

DECLARACIÓN DE APOYO A HUGO CHÁVEZ APROBADA EN LA ASAMBLEA DE CARTA ABIERTA REALIZADA EL SÁBADO 22 DE SEPTIEMBRE



DECLARACIÓN DE CARTA ABIERTA

7 de Octubre:    el triunfo de Hugo Chávez será un triunfo de la causa latinoamericana

El próximo siete de octubre se realizarán elecciones a los principales cargos nacionales en la hermana República Bolivariana de Venezuela. No es una elección intrascendente: en gran medida se juega en ella la posibilidad de continuar con éxito el proceso de integración latinoamericano, en un marco de soberanía nacional y participación popular. Hugo Chávez Frías pone en juego su liderazgo, confiando en que el pueblo con su voto consolide el proceso de transformación social y político mas importante de ese gran país.

Desde el inicio del gobierno encabezado por Hugo Chávez fue claro su compromiso de aportar, con su sello singular, inteligencia y esfuerzo, a un proyecto popular en el que la unidad de los pueblos latinoamericanos figurase en el primer lugar de la agenda.

En su derrotero de reformas profundas, recuperando dignidad y otorgando visibilidad a una gran mayoría de venezolanos sumergidos, nunca cejó en el esfuerzo de aunar las capacidades de las naciones suramericanas para enfrentar a los poderosos del mundo.

Muchos y constantes obstáculos fueron los que debió sortear su gobierno: las agresiones de los grupos conservadores de su país, las presiones imperialistas e intentos de golpes de estado (fracasados por la intervención popular), y la desestabilización permanentemente fogoneada por los medios de comunicación concentrados en una práctica conocida por todos los argentinos.

Cuando, como respuesta rápida y soberana al vergonzoso atropello institucional en Paraguay, se concreta la incorporación de Venezuela al MERCOSUR, la región se convierte en uno de los espacios socioeconómicos de mayor potencialidad en el mundo. Es un momento de trascendencia histórica con el comienzo de un promisorio proceso de paz en la convulsionada Colombia pero que no termina de despejar las amenazas de intervención imperial que merodean la zona: un contundente triunfo en la hermana Nación es imprescindible.

Así con Venezuela incorporada al Mercosur, la poderosa articulación de Brasil, Venezuela y Argentina se constituye en la espina dorsal de un armazón político, que junto a Ecuador, Uruguay, Bolivia y Cuba, es capaz de contener y potenciar la diversidad de experiencias sociales que alumbran el nacimiento de un nuevo mundo que pugna por la inclusión social, el desarrollo económico y la paz.

En cambio si Capriles, el prototipo echado a rodar por la derecha, aderezado con los atributos artificiales fabricados por los grandes medios del establishment y magnificado por los dólares norteamericanos lograra conmover el escenario favorable a los intereses nacionales del pueblo venezolano, una cuña fatídica se instalaría, echando una sombra siniestra desde Honduras a Paraguay, pasando por Venezuela.
Los lazos entre nuestro país y la Venezuela conducida por Chávez se profundizaron principalmente luego del 2003. El protagonismo conjunto del presidente bolivariano y Néstor Kirchner en el entierro del ALCA y la búsqueda de la paz en la región, puesta en acto al desarmar el conflicto entre el Ecuador de Correa y la Colombia presidida por Uribe, son hitos fundantes de una construcción de fraternidad y unidad política que necesitamos que se continúen y fortalezcan para enfrentar las dificultades de un mundo en crisis.

Venezuela es un eslabón protagónico de nuestro presente y la continuidad de su perfil político es garante de soberanía popular. Una claro victoria de Hugo Chávez en Octubre multiplica las posibilidades de crecimiento, desarrollo y estabilidad para las fuerzas populares de la región que iniciaron un camino emancipador y constituye un espaldarazo a las nuevas instituciones integradoras como la UNASUR, la CELAC y el ALBA, manteniendo abierto un camino de esperanza a los luchadores, que desde la oposición a gobiernos conservadores, intentan sumarse a este histórico proceso.

Si Hugo Chávez triunfa, triunfa el pueblo venezolano pero también el proyecto emancipador que se extiende por Latinoamérica. Significará un afianzamiento de su proyección estratégica hacia la conformación de un polo alternativo en un mundo signado por la convulsión y la crisis.

El gobierno argentino en palabras, gestos y acciones de Cristina Fernández de Kirchner, ha dado muestras claras de la decisión de apoyar y defender una alianza estratégica con la república bolivariana y su gobierno, puesto que esa hermandad expresa el más hondo sentimiento del pueblo que la sostiene.

Por todo esto, para Carta Abierta, no nos es indiferente el resultado de esas elecciones; desde el seno del pueblo argentino damos nuestro más caluroso apoyo a la candidatura de Hugo Chávez Frías a la presidencia de la Nación Bolivariana, repudiamos la campaña internacional mediática de agresión y ataque a su figura y acompañamos la movilización popular que la defiende.

Buenos Aires, septiembre de 2012.
 Espacio CARTA ABIERTA, Argentina
(Integrado por miles de trabajadores de la cultura y las artes, profesionales e intelectuales)
Mabel Maidana Co Coordinadora 
Comisión Nicolás Casullo de Medios Audiovisuales en Carta Abierta