martes, 12 de agosto de 2008

Palabras que hacen cosas

Uno de los argumentos para sostener la afirmación del clima destituyente creado por el lockout patronal es justamente la amenaza del hambre hacia toda la sociedad que generó el desabastecimiento. A partir de ese mecanismo el sector agropecuario demostró su poder: pueden crear, imponer una crisis que de otro modo no hubiera tenido lugar en función de la situación económica que vive el país. Demostraron que pueden dejar sin alimentos a la población, aumentar los precios, dejar sin trabajo a miles de personas, influir sobre la clase media, desabastecer de combustible, bajar las ventas de los comercios, perjudicar el turismo. Además de amenazar con posibles corralitos e incentivar la compra histérica de dólares. Es decir, la economía puede estar en sus manos, pueden transformar el panorama político económico de un país más allá de la estructura económica que haya armado el gobierno y encima se pueden dar el lujo de sostener un paro por tres meses. Demostraron que son un factor de poder que puede actuar en el sentido foucaltiano, tautológico del término, como un sector, casi equivalente al poder estatal mismo.
Esta comprobación fáctica tan contundente despeja las afirmaciones del gobierno y de ciertos intelectuales, del halo persecutorio con el que han sido subestimadas. No se trata sólo de discursos que pueden ser interpretados de una u otra manera sino de actos.
Desde los medios se habla permanentemente de una crisis. Estamos pasando por una crisis, propagandizan y estaría bueno discutir si esa crisis es real o creada, representada como tal porque el sector que la generó, lejos de verse perjudicado, goza de una alta rentabilidad en su tarea. El conflicto tiene lugar en el momento en que pierde la totalidad de sus beneficios. Con esta decisión el gobierno perturbaría una tradición que sentencia que a ciertos sectores privilegios jamás se los toca. El modelo de país que ellos disputan es el que reconoce a las corporaciones, los grupos económicos, como el verdadero poder, mientras que el gobierno de turno es sólo su ejecutor institucional. Esta separación de proyectos, esta decisión de estado de desprenderse, al menos en este caso puntual, de su camino y ubicarse en la vereda de enfrente, es la que abre el conflicto. ¿Qué lugar les tocará a ellos en este nuevo panorama político? Es el dilema.
La democracia sería, entonces, un sistema que se separaría de esas corporaciones (aunque más no sea tímidamente) y buscaría su sustentabilidad política en otro lado. No necesariamente en ellos. ¿Entonces a dónde buscará anclar la Sociedad Rural su pata política?
Esa vuelta a lo político que se celebra a partir del gobierno de Néstor Kirchner tiene que ver, en gran medida, con la recuperación del espacio público como escenario para debatir las cuestiones de estado. Ya no exclusivamente las puertas cerradas que hacen del estado una mera formalidad, sino la palabra presidencial como un ritual cotidiano, el palco en la Plaza de Mayo y la necesidad de legitimar la acción con el pueblo espontáneo o no haciendo número (no se le puede pedir más al populismo) pero con una preocupación por reconocer que el control de la calle merece la atención del gobierno de turno.
El conflicto, esa instancia que es vista como señal de debilidad y de caos, que es relatada como una figura insoportable para la retórica mediática, no es más que una señal de la valoración de la política. Cuando desde el gobierno se toma una medida que confronta con los intereses de un sector, existirá conflicto. Él es el que abre la posibilidad del debate sobre proyectos o modelos. Evitar el conflicto implicaría negar, no hacer visibles los caminos que hacen posible el consenso. Antes de un acuerdo hubo batallas y confrontaciones. Pero esta sociedad que se refugia en el discurso mediático, parece preferir la aparente calma de los consensos.
Cuando el conflicto tiene lugar comienza el pensamiento, porque gracias al conflicto lo que era tomado por normal se altera, muestra su amalgama, su devenir histórico y debe ser puesto en cuestión, desnaturalizado, visto con ojos extraños. El conflicto nos lleva a plantearnos si eso que habíamos naturalizado debe ser así. Un político que decide cambiar y apostar a que las cosas puedan darse de otro modo, aún a riesgo de que la población se fastidie y lo tilde de confrontadito, está obligando a la sociedad a volver la mirada sobre los hechos.
Las relaciones de fuerza de esa particular etapa política, dejan de estar entre bastidores para ocupar el centro de la escena. Ahora todos pueden conocer la trama que digita sus vidas.
Quienes posibilitan esta visibilidad, tal vez, pretendan que las condiciones objetivas cambien y que lo que en un principio despertó desconfianzas y rechazos, después se integre al terreno de la normalidad. Sin este componente no existiría la historia.
A esta apuesta la política mediática responde con una caída de la imagen presidencial como una suerte de extorsión. Hay que gobernar para las encuestas, hay que hacer “lo que la gente quiere”. Claro que quienes sostienen este discurso sienten un fuerte desprecio hacia toda forma de demagogia.
Ese discurso político que exhibe Cristina Fernández molesta en su efectividad. No es fácil digerir una retórica brillante, más allá de que se esté o no de acuerdo con su contenido. El problema es que para la tradición política argentina de los últimos años esto es una sorpresa que no debería jamás venir de ese sitio.
Alguien como Martín Caparrós tiene que pedirle que se caye porque él jamás podría aceptar que alguien como Cristina Fernández le de sustento político a su discurso, situando en la historia los avatares coyunturales. En el lado opuesto, ciertos perezosos ciudadanos de a pie, prefieren no creerle cuando habla de la redistribución del ingreso porque “los políticos siempre mienten” y después de todo, queda inteligente ser escéptico. Claro que no importará que, tal vez, por primera vez en tantísimos años una presidenta cumpla con lo que prometió en campaña. Hay un dato tal vez más importante y menos subjetivo. Cuando un político decide recupera ciertas imágenes del pasado como los bombardeos del 16 de junio y la gesta de los setenta y articularlas con un discurso de derechos humanos, cuando dentro de un conflicto coyuntural se habla de la redistribución del ingreso, la palabra adquiere un valor que si no se potencia en un acto puede convertirse en un boomerang para quien la pronuncie. Instalar valores que pueden sonar a pura retórica política para algunos, en un contexto que le da un sustento de realidad, sella un compromiso del que el político no podrá escaparse fácilmente porque será desde allí, de ese espacio de correspondencia entre las palabras y los hechos, del que surja el sustento de su propio poder.
La construcción mediática de lo real ha sido tomada por la mayoría de la sociedad como La Verdad. ¿Cómo fue posible esto? La estructura que sostiene el discurso mediático elimina el pensamiento. A todo lo que ocurre los medios le dan un nombre que fija la interpretación que se le da a ese hecho. Todo se focaliza en mostrar los componentes que afianzan esa afirmación, minimizando, desacreditando o ridiculizando aquello datos que podrían cuestionarla.
Alain Badiou definió El Mal como el imperativo de nombrarlo todo. Frente al vacío, soporte del acontecimiento que no tolera nominaciones permanentes sino transitorias, El Mal sería el mecanismo que, al asimilar lo nuevo al terreno de lo ya conocido, corta ese fluir del pensamiento que permite hacer apuestas sobre lo que todavía no tiene nombre. El periodismo se apresura por señalar que los verdaderos ciudadanos libres son los que hacen tronar las cacerolas. Esos sujetos no responden a ningún devenir histórico que no sea el de su propio cansancio frente al conflicto, no tendrán intereses políticos, ni serán violentos.
Al ciudadano despolitizado tal vez le resulte más cómodo tomar ese discurso que adentrarse en los devaneos argumentativos, racionales, históricos de una presidenta que parece estar llena de datos, conocimientos sobre la historia política argentina y posicionamientos discutibles (como todos) pero firmes. Es un tanto incómodo ser así. Hay que tener voluntad, energía. Más fácil es asimilar el discurso del vecino y no ser el descolocado en las reuniones. Mejor tomar los argumentos que los medios nos sirven en bandeja.
Pero por otro lado los medios se ubican en un lugar de autoridad donde todo cuestionamiento hacia ellos es un atentado contra la libertad de prenda. Su autoritarismo se “perdona “bajo la idea de que discutirle a ellos es igual a censurarlos.
¿Qué ocurre con una sociedad que desconfía del discurso político pero no del mediático que puede tener los mismos niveles de ficcionalidad? Tal vez los medios están recogiendo los frutos del rol que se asignaron en los años noventa de reemplazantes de la justicia en pleno reinado de la impunidad. Cuando ya no se podía creer en nada se le hacía un altar a la cámara oculta.
Los cambios políticos a los que pueden estar sometidos los medios no desdibujan la discusión en torno a un discurso que no guarda el menor disimulo. No es el huevo o la gallina. Porque sus enunciados son altamente sesgados y uniformes porque son mínimas las expresiones equilibradas, porque se obvian datos demasiado llamativos, de allí se desprende la conclusión de una campaña mediática.
Llamativamente es en el discurso presidencial donde aparece el mayor componente crítico y expresiones como las de Caparrós o caricaturas como las de Hermenegildo Sabat parecieran decirle a Cristina Fernández: “Flaca, no avives giles”.
Tal vez el lugar dejado por los intelectuales, esa imposibilidad de articular el discurso intelectual con la práctica política que tuvo algunos intentos en los acercamientos entre Emilio de Ípola y Raúl Alfonsín o entre Beatriz Sarlo y el Frente Grande, fue ocupado por el periodismo. Lamentablemente hoy los intelectuales no funcionan como referentes para la sociedad, sino que ésta elige a periodistas no intelectuales, con la excepción de Mariano Grondona, que viste el atuendo del intelectual de derecha a quien en los últimos años lo propagandístico de su discurso, sumado al gorilismo, lo ha hecho descender a simplificaciones dignas de su amigo Bernardo.
Parte del cripticismo que se le reprocha al gobierno de Cristina Fernández es el de no abrirse a figuras intelectuales que podrán facilitar la comunicación con la sociedad y la propaganda de los contenidos y prácticas del gobierno. Sería un error que la presidenta permaneciera encerrada en su grupo de leales (comprensible por las desconfianzas que se ciernen en torno al poder) y no entendiera que en su combate debe integrarse de un modo más orgánico con otros sectores como Las Madres, las Abuelas, los movimientos barriales, culturales e intelectuales que puedan llegar de otro modo al resto de la sociedad. En ese discurso mediático hay una imposición de valores parciales al conjunto de la sociedad. Se esconden las estrategias que sostienen determinados discursos en nombre de un universal que está fuera de toda discusión.
Se observa, entonces, un desfasaje muy interesante. El discurso presidencial y el mediático están en dos planos completamente distintos que impiden un diálogo entre sí.
Mientras que Cristina Fernández le exige a sus interlocutores una acumulación de datos, de saberes políticos e históricos, de articulación ideológica y cierta dramaticidad política para llevarlos a escena, los medios, Alfredo De Angeli y buena parte de la sociedad, prefieren la simpleza, no entienden lo que ella dice y de alguna manera les irrita el desafío que ella les propone. La inteligencia molesta. Decir que la presidenta es inteligente no quiere decir que uno esté de acuerdo con ella ni que le chupe las medias, quiere decir, simplemente, que está por encima del discurso que hoy circula masivamente, al que pueden acceder la mayor parte de los argentinos que no tienen ganas de tomarse el trabajo de leer a Badiou o Agamben, o de pensar con su propia cabeza aunque no le interese ningún filósofo. No será mucho pero es algo.
El problema es que ese discurso no es tomado como propio por la mayoría de la población y tal vez esto no ocurrirá hasta que no se sumen otras voces.
Esa concepción que sostiene que existe un pueblo y un anti pueblo, a la que se refiere Vicente Palermo, está expresada en los medios para quienes los ciudadanos están de un solo lado y, por supuesto, Elisa Carrió que expone una mirada totalizadora del pueblo como un a priori que ella jamás se ha dignado a conocer, al que describe bajo el estereotipo de la miseria y el clientelismo político. Por estos días va quedando demostrado que el pueblo es una variedad múltiple, compleja, contradictoria que no tiene un espacio ni una adhesión exclusiva o fija pero que muchos sectores han intentado disputarse. Algo muy saludable teniendo en cuenta que la política de los noventa hizo del pueblo una figura prescindible. A partir del 19 y 20 de diciembre del 2001, el pueblo vuelve a ser necesario para legitimar los mecanismos de poder y las elucubraciones para entender sus modos de actuar y de pensar, vuelven a ser necesarias.
Alejandra Varela, periodista.
Integrante de la Comisión de Medios Audiovisuales en Carta Abierta

viernes, 8 de agosto de 2008

Lo escandaloso y el escándalo

A propósito de los medios de comunicación
Entre lo escandaloso y el escándalo, tiene lugar el trabajo de los medios masivos de comunicación. Porque todo el tiempo y en todo lugar ocurren cosas escandalosas, pero sólo algunas de ellas pasan a formar parte del repertorio de escándalos en el día a día de la noticia. He allí el trabajo de los medios, que no es otro que el de representar la realidad. La primera operación de este trabajo consiste en acotar el universo de lo representable; esto es, seleccionar un conjunto de hechos en lugar de otros. En las formas periodísticas se representan hechos socialmente relevantes. Pero la relevancia no es un elemento neutro que pertenezca a la realidad sino que depende de algún criterio, punto de vista o interés, que aquí no es otro, al menos en última instancia, que el acrecentamiento de la audiencia. Puesto que nos encontramos bajo un sistema de medios privados, es claro que el público no es pensado por éste en su condición de ciudadanía sino en tanto que consumidor de bienes (simbólicos, pero también materiales, habida cuenta de que en la publicidad anida la fuente de lucro de los medios de comunicación comerciales). No es posible representar la realidad sino luego de un trabajo de selección de los hechos, partiendo de algún criterio normalmente tan arbitrario como implícito. Este aspecto es central porque constituye un intento de determinación de una agenda temática a escala masiva, la cual puede ser tomada o no por la sociedad y/o algunos de sus actores representativos, pero que en cualquier caso deja en claro que los medios no son, ni pueden ser, solamente “medios”, en el sentido de que no se trata de dispositivos que comunican inocentemente las cosas en su supuesta transparencia. El criterio de selección de las noticias, o más apropiadamente, el de su “producción”, no es universal en todo tiempo y espacio y tampoco lo es para todos los medios por igual. Sin embargo, al menos en relación con los medios electrónicos más poderosos en cuanto a su alcance e influencia, podemos aventurar que la característica más importante que define hoy en día a una noticia es su capacidad para impresionar a una audiencia ávida de identificaciones gratificantes con las que compensar su angustia cultural y/o sus privaciones materiales. Un taquillero tono melodramático gana terreno por sobre parámetros crecientemente anticuados como la veracidad de los contenidos y la objetividad de la formas. Si esto es así porque los medios corrompieron a la audiencia, o si se trata sólo de que aquéllos buscan adaptarse a una corrupción que les antecede, parece ser una discusión inconducente que es preferible evitar en estas líneas. Impresionar a la audiencia, para atraerla o conservarla, no es en términos informativos otra cosa que producir noticias escandalosas. ¿Y cómo se presenta una noticia para adoptar la forma del escándalo? Simplificando un tanto la cuestión, podemos decir que la noticia melodramática se estructura a partir de un “conflicto” en el que se recortan con claridad el rol de las víctimas y el de los victimarios. Mientras que las víctimas suelen responder a un particularismo extremo (el “vecino indignado” o la “víctima de la delincuencia”) o a generalizaciones vagas tales como “la gente”; los victimarios, en cambio, coinciden a menudo con actores públicos ampliamente desacreditados de antemano, como el Estado, el o los gobiernos y “los políticos” y/o “los funcionarios”. Claro está que semejante manera de presentar los “hechos” omite algunas cuestiones nada inocentes. Por el lado de “las víctimas”, su singularización o generalización extremas supone una representación de la sociedad que, ya sea como conjunto de individuos aislados o como masa uniforme, impide percibir lo esencial de la realidad social: su configuración compleja de estratos y clases y sus respectivos antagonismos más o menos inconciliables. En el mismo sentido, por el lado de los “victimarios”, nada se dice acerca de la eventualidad de que ciertos actores económicos ejerzan formas de poder sobre otros segmentos de la población. En suma, aun cuando la forma escandalosa de la noticia podría ser vista como un artefacto capaz de movilizar a la sociedad en defensa de sus derechos, lo cierto es que tanto su estructura melodramática como el contenido de las acciones y personajes involucrados en ella, tienden a promover cierto descreimiento generalizado en las formas políticas en cuanto tales,invisibilizando de ese modo toda perspectiva de transformación profunda de la sociedad. Pero no es suficiente mencionar que el criterio de la información es la producción del escándalo, organizado bajo la fórmula víctima-victimario, en función de la necesidad de conservar y acrecentar la audiencia. Si con ello bastara, entonces todo tipo de escándalos llegaría a los medios, y claro está que las cosas no son exactamente así sino un poco más complejas. Junto a los intereses comerciales coexisten las motivaciones ideológicas. No basta con que un hecho sea por sí mismo noticiable, sino que además es necesario que resulte conveniente que tal hecho alcance el estatuto de noticia. Volvemos así al principio: no todo lo escandaloso puede devenir en escándalo. Sobre aquel primer trabajo de selección de lo noticiable y formación de la agenda tiene lugar otro conjunto de operaciones relativas al tratamiento de los temas en cuestión. Aquí puede ocurrir que los medios actúen amplificando o atenuando los efectos de una noticia. Este trabajo puede realizarse de modos diversos y bastante previsibles como para extendernos en su descripción: además del tono más o menos ecuánime de su tratamiento, su reiteración y asociación con noticias similares o; por el contrario, su aislamiento en el contexto de la información, son los modos más evidentes de amplificar o morigerar o, dicho de otro modo, de generar escándalo (y agenda) o de evitarlo, intentando con ello que un tema no ingrese a la agenda. Pero todo esto ocurre en el mejor de los casos. Porque hay que decir también que, en los extremos, puede tener lugar el liso y llano ocultamiento de los hechos o su más descarada invención. Asuntos sin duda sumamente escandalosos, pero con escasísimas probabilidades de convertirse en escándalos.
Gustavo Sanchez - Integrante Comisión de Medios Audiovisuales - Carta Abierta
6 setiembre 2007

lunes, 4 de agosto de 2008

Propuesta de los locutores profesionales, alumnos y docentes del Iser

Como todos saben se está discutiendo una nueva ley de Radiodifusión. Es probable que el proyecto oficial no contemple la regulación de la actividad de los LOCUTORES PROFESIONALES, con el argumento falaz de la pluralidad, que la profesionalidad no restringe, sino más bien, la restringen la falta de pautas publicitarias estatales, y la hiperconcentración de medios en poquísimos grupos. Los LOCUTORES PROFESIONALES estamos preocupados y estamos ocupándonos para garantizar nuestra fuente de trabajo. En la dirección infrascripta se puede acceder a un petitorio, cuyo texto es el siguiente: Profesionalidad y Formación del Locutor
Para: Congreso de la Nación Argentina POR UNA LEY QUE CONTEMPLE LA PROFESIONALIDAD DEL LOCUTOR Y PREVEA SU FORMACIÓN ACADEMICA LIBRE, GRATUITA Y DE EXCELENCIA Los profesionales de la locución hacemos un llamado a los legisladores por el debate de la nueva Ley de Radiodifusión. Es necesario que los locutores contemos con una norma que contemple el registro, matriculación y capacitación de los profesionales que se desempeñan en los medios de comunicación. Que prevea la formación académica libre, gratuita y de excelencia acorde a los nuevas tecnologías y los desafíos de la época. Junto a la SOCIEDAD ARGENTINA DE LOCUTORES sostenemos la vigencia del Régimen de Habilitación de Locutores, asi como el acceso a estudios superiores cuyos contenidos sean dinámicos y motivadores. El objetivo, claro, es juntar firmas en apoyo de nuestra petición de incorporar a la futura ley de radiodifusión la cláusula de registro y habilitación para nuestra matrícula profesional y el sostenimiento del régimen de habilitación vigente. Pueden firmar locutores y no locutores. El nombre y apellido provistos en este formulario serán de acceso público. El número de documento y la dirección de correo electrónico permanecen ocultas y sólo estaran disponibles en el formulario final que se enviará al Congreso.
Gracias.... No sólo los locutores tenemos regulada nuestra actividad, también los operadores técnicos tienen su carnet habilitante, y los periodistas trabajan para lograr la regulación de su actividad.

10 Puntos para una Televisión de Calidad para niños,niñas y adolescentes

Los abajo firmantes, en cumplimiento de los compromisos asumidos en el marco de la IV Cumbre Mundial de Medios para Niños y Adolescentes realizada en Río de Janeiro, Brasil, en abril de 2004, así como la V Cumbre Mundial, Johannesburgo, Sud África, 2006, solicitamos que la nueva Ley de Radiodifusión incluya un capitulo dedicado a la relación Televisión e Infancia que, adopte, entre otras, las siguientes propuestas básicas: 1. La programación general de la televisión argentina debe respetar estrictamente la Convención Internacional de los Derechos del Niño -y, en particular los artículos referidos a la televisión- la cual tiene rango constitucional en el país. 2. La programación general de la televisión y, en particular la dirigida a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, debe respetar los enunciados de la “Convención para la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales” suscrita en la UNESCO, de la que la Argentina es signataria. La Convención entró en vigencia en 2007 y constituye el primer marco jurídico internacional y nacional en la materia. 3. Habilitar una franja de tres horas diarias de programación de calidad para niños, niñas y adolescentes, compuesta en un 60 por ciento por programación de producción nacional y un 40 por ciento por programas provenientes de distintos países del mundo, que den cuenta de la diversidad cultural. 4. Formular medidas o establecer cuotas dirigidas a diversificar los países de origen de la programación que se importa y las fuentes de producción local de la misma, como requisitos para la existencia de diversidad cultural y la participación de pluralidad de actores sociales, perspectivas y miradas. 5. Habilitar un canal de televisión abierta y gratuita, de carácter público, exclusivamente dirigido a los niños, niñas y adolescentes. 6. Crear un Fondo de Fomento Concursable para Producción de Programas de Televisión de Calidad para Niños, Niñas y Adolescentes.1 7. Constituir un Consejo Asesor del Audiovisual y la Infancia, multidisciplinario y pluralista, integrado por personas y organizaciones sociales con reconocida trayectoria en el tema y por representantes de niños, niñas y adolescentes. El funcionamiento de este Consejo será reglamentado por la autoridad de aplicación de la Ley. El mismo tendrá entre sus funciones: 1. La elaboración de propuestas dirigidas a incrementar la calidad de la programación dirigida a los niños, niñas y adolescentes. 2. Establecer criterios y diagnósticos de contenidos recomendados o prioritarios y, asimismo, señalar los contenidos inconvenientes o dañinos para los niños, con el aval de argumentos teóricos y análisis empíricos. 3. Seleccionar de manera ecuánime y con base en un modelo de evaluación a construir, los proyectos que se presenten al Fondo Concursable mencionado en 6. 4. Propiciar la realización de investigaciones y estudios sobre audiovisual e infancia y de programas de capacitación en la especialidad. 5. Apoyar a los concursos, premios y festivales de Cine, Video y Televisión para niños y los cursos, seminarios y actividades que aborden la relación entre Audiovisual e Infancia que se realizan en el país, así como los intercambios con otros festivales, eventos y centros de investigación con similares objetivos existentes en Iberoamérica y otros países, en el marco de los convenios sobre audiovisual y cooperación cultural suscritos y a suscribirse. 7. Promover una participación destacada de la Argentina en las Cumbres Mundiales de Medios para Niños y Adolescentes que se vienen realizando en distintos países del mundo de manera bianual y apoyar las acciones preparatorias que se realicen en el país a tal fin. 8. Formular un Plan de Acción para el Fortalecimiento de las Relaciones del Campo Audiovisual (cine, televisión, video, videojuegos, informática y otros medios y soportes que utilicen el lenguaje audiovisual), con la Cultura y la Educación. En este marco, habilitar un Programa de Formación en Recepción Critica de Medios y TICs 2 a fin de: 1. Contribuir a la capacitación y actualización de los docentes para una apropiación crítica y creativa del audiovisual y las TICs, en su carácter de campos de conocimiento y lenguajes crecientemente articulados entre sí. 2. Formar las capacidades de análisis crítico, apreciación y comunicación audiovisual de los niños, niñas y adolescentes para que puedan ejercer sus derechos a las libertades de elección, de información y de expresión, en su calidad de ciudadanos y de públicos competentes de las obras audiovisuales nacionales, latinoamericanas y mundiales. 3. Apoyar la creación y el funcionamiento de Redes de Niños, Niñas y Adolescentes en las que ellos puedan generar acciones autónomas de análisis y creación de sus propios discursos audiovisuales e instancias de circulación de los mismos, como parte inescindible de su formación integral y de su condición de ciudadanos. 4. Aportar a la generación de condiciones de igualdad de oportunidades para el acceso a las informaciones, conocimientos, aptitudes y TICs que posibiliten la superación de la “brecha digital” y promuevan la inserción de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes en la sociedad del conocimiento y el diálogo intercultural que ella reclama. 9. Monitorear el cumplimiento de la normativa vigente sobre el trabajo de los niños, niñas y adolescentes en la televisión. 10. Establecer y concertar con los sectores concernidos, criterios básicos para los contenidos de los mensajes publicitarios, de modo de evitar que éstos tengan un impacto negativo en la infancia y la juventud, teniendo en cuenta que una de las principales formas de aprendizaje de los niños es imitar lo que ven.

Suscriben: Asociación Civil las Otras Voces, Presidenta Silvia Bacher Asociación Civil Nueva Mirada, Presidenta Susana Velleggia Fund TV , Presidenta Sara Show de Critto Signis Argentina, Presidenta Graciela Garzelli, Secretario Adrián Baccaro SAVIAA (Sociedad Audiovisual para la Infancia y la Adolescencia Argentinas) Secretaria General: Mercedes Viegas CASACIDN PERIODISMO SOCIAL Cielo Salviolo Buenos Aires, mayo de 2008

1 En Chile la creación de un fondo de estas características posibilitó incrementar notablemente la cantidad y calidad de la programación televisiva dirigida a los niños y adolescentes. 2 Estos programas existen en casi todos los países del mundo, en la mayor parte de los casos incorporados a la currícula de la Educación Formal (Gran Bretaña, Francia, Austria, Sud Africa, entre ellos) y/o mediante instancias de Educación no formal, ya sea a cargo de organismos públicos de cine o televisión y/o de ONGs. En América Latina, Brasil, Cuba, Chile y México vienen desarrollando diversos programas en la materia, tanto desde instituciones públicas como desde organizaciones de la sociedad. Las investigaciones realizadas al respecto permiten afirmar que la Argentina es uno de los países más atrasados del mundo en la materia.