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lunes, 11 de noviembre de 2013

PAPEL PRENSA EN LAS ACTAS SECRETAS DE LA DICTADURA MILITAR


Las actas secretas de la dictadura que prueban la apropiación de Papel Prensa


La nota de Daniel Cecchini publicada por el diario Miradas al Sur este domingo 10/11/13 muestra las primeras pruebas de aquello que durante años se hizo público sobre la vinculación del multimedios Clarín, su Ceo el contador Magnetto y Ernestina Herrera de Noble, directora del diario, así como Bartolomé Mitre, ex director de La Nación.

Las actas de la dictadura aportan densidad a las declaraciones de la familia Graiver, de Lidia Papaleo de Graiver sobre su tortura para que firme la venta de las acciones de Papel Prensa. No se conoce mucho más aún, pero quizá se pueda saber algo más sobre el "accidente" de David Graiver en México en agosto de 1976.

La nota:

Un equipo jurídico del Ministerio de Defensa encabezado por la directora general de Asuntos Jurídicos de la cartera, Graciana Peñafort, trabajaba contra reloj para responder a requerimientos judiciales, en el marco de diversas causas, relacionados con las actas secretas de la Junta Militar de la última dictadura halladas la semana pasada en el subsuelo del Edificio Cóndor. entre esos requerimientos hay uno del titular del Juzgado Nacional Criminal y Correccional Federal número 10, Julián Ercolini, a cargo de la causa que investiga la apropiación de Papel Prensa, para que le sean entregados los originales de los documentos donde se menciona a esa empresa y al Grupo Graiver.

Consigna Daniel Cecchini que las actas de la junta donde se alude a Papel Prensa son 15, y no 13 como se informó en un primer momento, ya que luego del anuncio del ministro Agustín Rossi los funcionarios encargados de revisarlas encontraron otros dos documentos. De ser entregados en el juzgado a principios de la semana que comienza, el recorrido de esos documentos desde las catacumbas de la Jefatura de la Fuerza Aérea a la cartera de Defensa y, desde ahí, a la sede judicial se habría hecho con extraordinaria rapidez, sobre todo si se lo contrasta con la llamativa lentitud con que avanza la causa que investiga el traspaso irregular de las acciones de la empresa que Lidia Papaleo de Graiver y otros integrantes del Grupo Graiver se vieron obligados a hacer bajo amenazas de secuestro y muerte entre principios de noviembre de 1976 y mediados de marzo de 1977.

Según la Fuerza Aérea, las carpetas con 280 actas de las juntas militares – entre las cuales se encontraban las 15 relacionadas con Papel Prensa - fueron halladas el jueves 31 de octubre. A principios de esta semana, el ministro Agustín Rossi hizo el anuncio. Al mismo tiempo, funcionarios de esa cartera analizaban el material con el subsecretario de Derechos Humanos de la Nación, Luis Alén, para evaluar su importancia jurídica. Inmediatamente el juez Ercolini envió a la cartera de Defensa un requerimiento solicitando esos originales para incorporarlos a la causa caratulada “Magnetto, Héctor y otros / delito de acción pública”.

En la causa están imputados la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble; el CEO del Grupo, Héctor Magnetto; el ex director de La Nación, Bartolomé Mitre; el ex secretario de Industria de la dictadura, Raymundo Pío Podestá; los ex propietarios de La Razón, José, Marcos y Hugo Peralta Ramos; y el ex secretario de redacción de Clarín, Reinaldo Gregorio Bandini. La muerte les permitió escapar de la acción de la Justicia al dictador Jorge Rafael Videla, al primer ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, y al ex director de La Razón, Patricio Peralta Ramos.

Pruebas irrefutables. 
Catorce de las quince actas de la Junta Militar en las que se menciona al Grupo Graiver y a Papel Prensa eran desconocidas hasta el hallazgo ocurrido en el Edificio Cóndor. Sólo se sabía de su existencia por referencias realizadas a mediados de la década de los 80 por el genocida Eduardo Emilio Massera al entonces fiscal de Investigaciones Administrativas Ricardo Molinas cuando éste investigaba los despojos de empresas perpetrados por la dictadura. En esa oportunidad Massera no aportó documentación alguna.

Hasta ahora, el juez Ercolini sólo disponía de una copia del acta N°14, donde está asentada la autorización de la Junta Militar para la transferencia de la mayoría del paquete accionario de Papel Prensa (51%) a Clarín, La Nación y La Razón. El acta tiene dos anexos de singular importancia, porque muestran el poder de negociación de los tres diarios frente a sus cómplices militares de la apropiación. El primero establece la transferencia del 51% de las acciones a los tres diarios, pero además los obliga a transferir el 49% de ese 51% a diarios del interior del país. En el segundo anexo, esta última medida queda sin efecto por pedido expreso de los propietarios de Clarín, La Razón y La Nación. Ahora el magistrado tendrá en sus manos el original.

Las quince actas están fechadas entre el 15 de septiembre de 1976 y el 1° de diciembre de 1977 y su lectura pone en evidencia que, para la junta, el secuestro ilegal y posterior “blanqueo” de los integrantes del Grupo Graiver está indisolublemente ligado a la apropiación de Papel Prensa. “En los documentos queda asentado con claridad que los miembros de la junta tratan los dos temas juntos, que hay una unidad temática, que no son dos cosas separadas. Esto es de una importancia probatoria imposible de soslayar”, dijo a Miradas al Sur una alta fuente del Ministerio de Defensa. La importancia que los dictadores otorgaban al asunto se desprende también de la ubicación de la cuestión “Papel Prensa” dentro del temario: en casi todos los documentos ocupa el primer o el segundo lugar.

El acta N° 20, del 14 de abril de 1977, es una de las más claras en ese sentido: en ella se precisa que “no se debe demorar el proyecto” de la papelera (en ese momento se estaba terminando de construir la planta de San Pedro) y que hay que resolver la situación de los integrantes del Grupo Graiver para evitar que cobren “las sumas por las acciones vendidas”. En ese momento, Lidia Papaleo de Graiver y otros integrantes del Grupo se encontraban desaparecidos en el Pozo de Banfield luego de haber sido secuestrados por los grupos de tareas al mando del entonces jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Ramón Camps, en lo que los represores llamaron “Operación Amigo”.

En el acta anterior – la N°19, fechada el 6 de abril de 1977, cuando los Graiver ya habían secuestrados pero aún no habían sido puestos a disposición del Poder Ejecutivo – los miembros de la Junta Militar se refieren a ellos como “arrestados”. La decisión de blanquearlos sería tomada poco después, posiblemente durante la reunión asentada en el acta N°20, para así someterlos a un consejo de guerra que permitiera expropiarles el resto de las empresas. Matarlos no era negocio para los dictadores. Tampoco para los dueños de Clarín, La Nación y La Razón, que pretendían hacer pasar la operación de apropiación de las acciones de Papel Prensa – realizada bajo amenaza de muerte entre el 2 de noviembre de 1976 y principios de marzo de 1977 – por un acuerdo comercial realizado libremente por las partes.

El acta N° 23, del 3 de mayo de 1977, no deja dudas de que Papel Prensa y el “Caso Graiver” son indisolubles. Allí se dice textualmente (en el punto 2.1 del documento): “Se resuelve que el tema (Papel Prensa) sea incluido en las actuaciones que se instruyan en el Caso Graiver, sin que se detenga o afecte la marcha del proyecto, pero ejecutando una ‘intervención preventiva’, en caso necesario”. Por si fuera poco, en el punto 2.2 del mismo asunto se decide que un oficial superior de cada fuerza integre, en carácter de auxiliares del oficial preventor, el consejo de guerra encargado de investigar a los Graiver.
La Nación comunica la propiedad de Papel Prensa
Cronología de una apropiación. 
Como se dijo más arriba, las actas de la Junta donde se hace referencia a los Graiver y a Papel Prensa, están fechadas entre septiembre de 1976 y diciembre de 1977. Desde antes de septiembre hasta principios noviembre de 1976, Lidia Papaleo de Graiver y otros integrantes del Grupo recibieron fuertes presiones y amenazas para que transfirieran sus acciones de Papel Prensa a Fapel, el sello de goma ideado por Clarín, La Nación y La Razón para “comprar” la empresa.

La noche del 2 de noviembre de 1976, en las oficinas que La Nación tenía en la calle Florida, Lidia Papaleo, los padres y el hermano de David Graiver y el testaferro del Grupo en Papel Prensa, Rafael Ianover, firmaron la “venta” de las acciones a los tres diarios. Allí, esa noche, los integrantes de la familia Graiver fueron separados y apretados en diferentes oficinas. Todos ellos venían recibiendo presiones y amenazas de muerte para que vendieran sus acciones de Papel Prensa a Fapel S.A. (la empresa fantasma creada por Clarín, La Nación y La Razón a esos efectos). Isidoro Graiver (que había concurrido a acompañar a sus padres, ya que sólo poseía muy pocas acciones residuales de la empresa) quedó solo en una oficina; Juan Graiver y su mujer (a quienes les correspondería un 25% de las acciones de David luego de realizada la sucesión) fueron llevados a otra; y en la tercera, Lidia Papaleo de Graiver (con derecho al 50% de las acciones en la sucesión y responsable de las correspondientes a su hija María Sol, otro 25%), fue apretada para que firmara un boleto de venta por 996.000 dólares, de los cuales sólo recibió 7.200 al firmar. Para ese momento el Grupo Graiver llevaba invertidos más de 15 millones de dólares en Papel Prensa.

Lidia Papaleo fue entrevistada por Héctor Magnetto y asegura que la amenazó de muerte para que estampara su firma. Al salir del edificio, la viuda de Graiver tuvo un breve intercambio de palabras con el abogado de Ernestina Herrera de Noble, Bernardo Sofovich, quien le dijo que, si quería salvar su vida, se fuera inmediatamente del país. Por su parte, Rafael Ianover fue entrevistado por el director del diario La Razón, Patricio Peralta Ramos. “Firmé porque me dio su palabra de honor de que si lo hacía a mi familia y a mí no nos pasaría nada. Mintió, porque en abril me secuestraron”, testimonió Ianover ante la Justicia.

Debido a que María Sol – la hija de David Graiver y Lidia Papaleo – era menor de edad, fue necesaria la intervención de un juez de menores para que fuera posible concretar parte de la transferencia de las acciones. El trámite se prolongó hasta principios de marzo de 1977, cuando finalmente llegó esa autorización judicial. El 14 de marzo, Lidia Papaelo y otros integrantes fueron secuestrados y desaparecidos por los grupos de tareas de Camps. Poco después le llegó el turno a Rafael Ianover. Los dictadores y los propietarios de los tres diarios ya no los necesitaban en libertad para darle apariencia de legalidad a la apropiación.

Las actas de la junta halladas en el subsuelo del Edificio Cóndor dan cuenta del interés con que Videla, Agosti y Massera seguían el desarrollo de los acontecimientos durante ese período.

Secuestrados y "juzgados". 
A partir de marzo de 1977, concretados los secuestros de los integrantes del Grupo Graiver, la Junta Militar siguió tratando el tema de “los arrestados” en el marco de su interés por la apropiación de Papel Prensa. De eso dan cuenta las actas, que así confirman documentalmente lo que las víctimas relataron sobre los interrogatorios sufridos bajo tortura durante su detención ilegal, en los cuales el tema Papel Prensa ocupó un lugar central. La declaración de Lidia Papaleo en la causa no deja dudas. En foja 247 dice: “Que también desea aclarar que en Puesto Vasco en ocasión de ser torturada se hallaba presente el comisario Etchecolatz. Que tanto en el Pozo de Banfield como en la Comisaría de Banfield concurrían Beto Cozzani, la Tota y Darío Rojas, quienes le preguntaban por Papel Prensa, y que junto con (Alfredo) Abuin manejaban (cambio a foja 248) la vinculación entre Papel Prensa y Egasa”.

Otro tanto hace Rafael Ianover: “Que recuerda que ello (su secuestro) no le llamó la atención pues ya se encontraban detenidos los miembros de la familia Graiver” (fojas 221). “Que si bien no puede ver por estar vendado, lo hacen sentar en una silla, haciéndole escuchar marchas peronistas. Luego de un rato le quitan la venda y lo llevan a una habitación en la cual lo espera un señor vestido de civil que lo interrogó sobre su accionar en Papel Prensa S.A., quién era el presidente, cómo habían sido nombrados, etc.” (fojas 222). “Que el día siguiente lo vuelven a vendar y a atar las manos, lo meten en un coche en el asiento trasero, conduciéndolo al lugar donde había estado el día anterior con la diferencia que lo hacen subir por una escalera de caracol a dos pisos y lo introducen en una celda en la cual se encuentra solo por espacio de cuatro días, llegando al quinto día el general Gallino, designado preventor, quien lo interroga nuevamente respecto de Papel Prensa” (fojas 223).

Dictadores y editores: cómplices. 
El general Bartolomé Gallino, nombrado por Ianover como “preventor”, fue el encargado de la instrucción de los consejos de guerra a los que fueron sometidos los integrantes del Grupo Graiver cuando fueron finalmente “blanqueados” luego de más de un mes de detención clandestina. Las actas de la Junta Militar confirman que los comandantes seguían de cerca este proceso.

A mediados de 2011, Miradas al Sur (en una nota firmada por Eduardo Anguita y quien esto escribe) reveló la existencia de tres minutas elevadas por el general Gallino al secretario general de la Presidencia del dictador Videla, general Rogelio Villarreal. En esos partes, el instructor de los consejos de guerra informa de sus reuniones con los propietarios y representantes de Clarín, La Nación y La Razón. Encuentros que mantuvo, llamativamente, en tres ocasiones diferentes pero siempre antes de interrogar a los integrantes del Grupo Graiver. La primera de esas jornadas –que tenía la modalidad de primero hablar con quienes ya se habían apropiado de Papel Prensa y luego con los humillados y despojados verdaderos propietarios– contó con la participación de los dueños de los tres diarios. La segunda vez, Gallino se encontró con los representantes legales de los tres medios y el secretario de Industria de la dictadura, mientras que la tercera vez fue con propietarios y representantes legales juntos. Estos encuentros tuvieron lugar entre el 9 y el 15 de abril de 1977, es decir, apenas tres días después del acta N°19, que se refiere a “los arrestados”, y contemporáneamente al acta N°20, donde los dictadores deciden resolver la situación para "evitar que el 'Grupo Graiver' cobre las sumas por las acciones vendidas".

La coincidencia es reveladora de la complicidad entre los dictadores y los propietarios de los medios: al mismo tiempo que la Junta trata el tema, los Graiver están secuestrados y el general Gallino – hombre de confianza de Videla – se reúne con los dueños y representantes de Clarín, La Nación y La Razón antes de interrogar a las víctimas.

Una complicidad que fue confirmada también por dos de sus principales protagonistas. En Pecado original. Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder, la periodista Graciela Mochkofsky no sólo confirma que Papel Prensa fue ofrecida por la dictadura a los propietarios de los tres diarios en 1976 sino que revela la existencia de nuevas pruebas materiales sobre cómo se realizó esa operación. La periodista conserva cintas grabadas de dos entrevistas con el secretario general de la Presidencia de Videla, general Rogelio Villarreal –en 1998 y en 2002–, y de una con el ex director de La Razón, Patricio Peralta Ramos, también en 2002. Los dos entrevistados le relataron a Mochkofsky cómo la oferta de Papel Prensa les llegó a los propietarios de los tres diarios de parte de la dictadura y no de los Graiver. En la segunda parte de su libro, Mochkofsky narra con lujo de detalles el proceso por el cual la empresa llegó a manos de Clarín, La Nación y La Razón. En la página 75 dice: “Emisarios del gobierno militar hablaron entonces con representantes de los diarios. ¿Por qué seguir con el proyecto de Fapel, que existía casi en teoría, cuando Papel Prensa tenía asignados préstamos y créditos del Banade, era una sociedad constituida, con la planta en construcción, participación y avales del Estado… y el impulso del gobierno? Los diarios aceptaron. Mientras se dirimía la batalla entre Videla y Massera, Villarreal se reunía con Magnetto por Clarín, Bartolomé Mitre por La Nación, y Patricio Peralta Ramos por La Razón. Una vez que la pelea interna en la Junta fue ganada y los detalles acordados, representantes de los tres diarios se reunieron con Videla”.

En una de las notas al pie, Mochkofsky explica: “Patricio Peralta Ramos me contó en 2002: ‘Nosotros hicimos un proyecto propio, Fapel, Clarín, La Nación y La Razón. Pero en un momento llegan del gobierno y nos dicen: ¿para qué siguen con eso si pueden seguir con esto (Papel Prensa)?’”. El testimonio del ex director de La Razón está registrado en una cinta. En la otra nota al pie de esa página, la periodista relata: “Así me lo contó el general Villarreal en reuniones que mantuvimos en abril de 1998 y mayo de 2002, en su departamento de avenida Santa Fe. Dijo que se reunía con ‘Bartolito Mitre, Peralta Ramos y Magnetto, que venía por Clarín’ y que ‘primero hablaban conmigo y recién al final hablaron con el Presidente, mientras se iba haciendo todo’”.

Ahora, la incorporación de las quince actas de la Junta Militar a la causa que investiga la apropiación de Papel Prensa por parte de los propietarios de Clarín, La Nación y La Razón aportará una prueba documental de vital importancia para el juzgamiento de sus responsables. Porque confirman de manera fehaciente que el despojo de la empresa fue una maniobra orquestada por los dictadores y sus cómplices mediáticos utilizando las herramientas del terrorismo de Estado.

Mabel Maidana, Co coordinadora Comisión Nicolas Casulla
de Medios Audiovisuales en Carta Abierta

jueves, 20 de octubre de 2011

COMUNICADORES DE LA ARGENTINA - REFLEXIONES ANTE EL DESPIDO DE CLAUDIO MINGUETHI


La Comisión "Nicolás Casullo" de Medios Audiovisuales en Carta Abierta
adhiere a los términos del documento de COMUNA
con la firma de sus coordinadores:

Ariel Magirena 
Mabel Maidana
Santiago Coco Plaza
Domingo Merlino


El siguiente texto se pone a disposición de todos los comunicadores que deseen adherir a él. Para ello deben enviar su adhesión a comunicadores.argentina@gmail.com  hasta el 28 de octubre del cte.


REFLEXIONES DE COMUNA (Comunicadores de la Argentina)

El momento que eligió La Nación para despedir al periodista Claudio Minghetti es especialmente sensible. Sobre la medida, acompañamos el comunicado de la Comisión Interna de ese diario, que explica que no se trata de un caso aislado. Y, además, consideramos necesario remarcar que este despido coincide con una serie de acontecimientos ligados a la comunicación que invitan a una reflexión más profunda.

Hace pocos días, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) realizó su 67º Asamblea General en Lima, donde los dueños de los grandes medios de comunicación volvieron a denunciar supuestas presiones que atribuyen a los gobiernos regionales. 

Conocemos bien estos discursos, cuyo libreto resulta idéntico desde hace años. En la última visita de la SIP a la Argentina para un autoproclamado monitoreo de la libertad de expresión, quedó demostrado que tenían un discurso prefijado no sólo por repetir las conclusiones que habían anticipado incluso antes de pisar el país sino, principalmente, por ignorar la solicitada firmada por más de 1000 colegas que le fue entregada en mano a su presidente Gonzalo Marroquín.

Asistimos, a su vez, al segundo aniversario de la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que entendemos como un enorme avance de la democracia a la vez que exigimos su completa aplicación.

Esta ley es sólo un ejemplo de cómo, en la actualidad, son las sociedades y los Estados los que avanzan en la profundización de la democracia comunicacional, en afianzar la garantía del derecho a la información, que no es una mercancía ni un negocio -como dijo Claudio Paolillo, miembro de la comisión de libertad de expresión de la SIP-, que no se compra y se vende, sino que es un derecho humano básico para el ejercicio de la ciudadanía plena.

La Nación lleva más de un siglo exhibiendo una línea editorial y un tratamiento informativo, desde el título al punto final, que identifica claramente a este diario con un proyecto de país que no es el que la mayoría de los argentinos están respaldando. Aún así, el despido del periodista Minghetti le quita la máscara a empresarios que defienden sus intereses sectoriales. Es una práctica que no tiene ninguna relación con la libertad de todos los ciudadanos a expresarse y con que la información circule como propiedad social colectiva.

En este marco, creemos que en nuestras profesiones debemos reflexionar a fondo sobre las diversas prácticas pretendidamente encubiertas -y no tanto- de cercenamiento a la libertad de expresión. Con mayor o menor trayectoria, conocemos el funcionamiento interno de los medios de comunicación y sus diversos mecanismos de censura explícita y encubierta, ocultos siempre bajo el falso telón de la libertad de prensa. El destrato laboral, cuyos métodos son variados, tiene como objetivo aislar colegas no por criterios profesionales sino ideológicos. 

Ese aislamiento sólo responde a la voluntad de los dueños de los medios de comunicación que no son periodistas sino accionistas, que no defienden la libertad de expresión sino la libertad de empresa.

Somos los periodistas, comunicadores sociales, trabajadores de medios gráficos, radios, televisión y medios virtuales públicos, privados, cooperativos y sin fines de lucro, productores, editores, reporteros gráficos, locutores, diseñadores gráficos, técnicos de televisión y radio, pasantes, docentes y estudiantes de universidades y escuelas de periodismo, publicitarios y la sociedad en su conjunto quienes debemos velar por la libertad de expresión y de información.

Creemos que es un momento propicio para esta y otras reflexiones que alentamos en nuestras profesiones.

Para sumar tu adhesión o vincularte a COMUNA podes escribir a:



sábado, 15 de octubre de 2011

LA LA LA NACIÓOOOONNNN: ¿ Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN?


 EL PERIODISTA CLAUDIO MINGHETTI FUE DESPEDIDO  DEL DIARIO DE LOS MITRE

El periodista Claudio Minghetti  contó que fue despedido del diario La Nación, después de 16 años de labor, por haber realizado una crítica positiva de la película Juan y Eva. "Me fueron de La Nación, cortaron la piola por lo más débil", dijo Minghetti.

"Me sentí muy observado. Yo apoyo abiertamente la política de cine nacional, la nueva ley de medios, el proyecto INCAA TV, todos temas que son cuestionados a muerte por el periodismo opositor como es el del diario La Nación"

Minghetti realizó una crítica sobre el último film de Paula de Luque en el periódico de Bartolomé Mitre. Ocurre que los directivos del diario no estuvieron de acuerdo con su discurso y decidieron despedirlo, según narra el periodista.

Minghetti comentó que la coincidencia de que la Presidenta haya recomendado la película el mismo día en que él había publicado una crítica favorable de la misma no fue muy grato para el diario que se destaca por ser opositor al gobierno.

"En cuanto al contenido periodístico, el diario La Nación nunca hace una observación previa salvo en temas de política (en espectáculo nunca ocurre) pero en los últimos tiempos están poniendo el ojo sobre la sección de cultura y la participación del Estado en ese sector", manifestó el crítico.

"Ayer fui a buscar mis cosas y la gente del diario comenzó a saludarme. De golpe veo que del resto de las secciones empezaron a aplaudirme y todos se levantaron, se acercaron y me saludaron", finalizó Minghetti el relato.

Para Claudio, hay un claro mensaje de castigo por exponer su ideología abiertamente, "no se trata de censura, esto impuso miedo en la redacción". Su propia jefa no estaba informada del despido, que la empresa describió como "sin causa".

La directora de la película se hizo eco de la situación que vive el periodista y en diálogo con Víctor Hugo Morales recalcó "los lectores perdemos a un gran crítico, es muy respetado y querido por la actividad. Creo que tiene que ver con la línea editorial del diario y lo lamento mucho. La Nación se pierde una buena firma", dijo Luque.

Al hablar por radio Continental, Minghetti cuestionó además "una nota de Clarín (sobre la misma película) que además de estar mal escrita lo que decía era mentira. Se le tiraba misiles con información falsa al INCAA (el instituto nacional de cine)".

"La mala información o las mentiras se caen. Este tipo de notas yo nunca estuve dispuesto hacer...En Argentina existen medios de todas las orientaciones políticas. La locura de esta política opositora genera un mal periodismo y el temor de perder el trabajo. Yo me siento liberado y me solidarizo con los que quedaron”, agregó Minghetti.
Fuente: diario El Argentino, 14-10-2011

MI DESPIDO FUE UN CASTIGO EJEMPLAR

¿Dónde quedó la libertad de expresión que pontifica la "prensa independiente" representada por el diario de los Mitre y su compinche el Grupo Monopólico? 

Compinches para la apropiación de Papel Prensa mediante la tortura aplicada por sus aliados los genocidas gestores de la dictadura militar.

 ¿Y ADEPA no opina sobre la censura ejercida sobre un periodista por los dueños de un medio que dice pertenecer a la "prensa libre"?

Con el mayor cinismo el diario de los Mitre publicó hoy un comunicado que  insulta  la inteligencia de todos los argentinos:
  
"Ante las versiones circulantes difundidas hoy por diversos medios respecto de la reciente desvinculación del redactor de la sección Espectáculos Claudio Minghetti, La Nacion considera necesario aclarar que esa decisión responde exclusivamente a una reestructuración del área.
La Nacion, que no fue consultada por los medios que difundieron las versiones, lamenta la tergiversación de los hechos y las afirmaciones sin fundamento, ya que no existe razón de ninguna otra índole que no sea la antes mencionada.
Las expresiones que sostienen que la decisión responde a motivaciones políticas o ideológicas y que fue precipitada por su elogiosa crítica a la película Juan y Eva carecen de todo fundamento. La crítica mencionada se reproduce a continuación: http://www.lanacion.com.ar/1406141-juan-y-eva"

El diario La Nación, igual que el Gran Diario Argentino, ha emprendido inexorablemente el camino del descrédito. Sabemos que se puede mentir un rato, pero no todo el tiempo.
Mabel Maidana, CoCoordinadora Comisión Nicolás Casullo
de Medios Audiovisuales en Carta Abierta
 




jueves, 1 de abril de 2010

CLARIN CAE Y SE PREPARAN OTROS DIARIOS

 El periodista Eduardo Anguita escribió en el diario El argentino del 30 de marzo de 2010 esta nota que reproducimos. 

Es una síntesis de la situación actual de los medios gráficos poniendo al "gran diario argentino" Clarín como eje para su análisis, en el que finaliza en un contrapunto entre el soporte de papel y los medios virtuales. Todo en el marco de las transformaciones que se suceden en la sociedad a partir del proyecto político gubernamental desde 2003 a la fecha, y los conflictos, inclusive de poder, que se generan a partir de la propuesta de nuevas estéticas.



Una encuesta de Carlos Fara y Asociados da lugar para reflexionar sobre el papel del diario de papel, si cuadra la redundancia. La imagen positiva del diario de mayor tirada, en mayo de 2009, era del 48 por ciento y en diciembre trepó al 51 por ciento, según esa consultora. Pero en marzo cayó al 37 por ciento. No es un secreto la caída en las ventas de Clarín. En el último año, quienes manejan cifras “reales” de circulación, estiman que es del orden del 15 por ciento. Esta retracción preocupa a los empresarios del multimedio. Sin embargo, sería un error muy grande atribuir esto sólo a la errónea percepción que tenía el grupo respecto de que podían dar una batalla frontal contra todo un sector de la sociedad que, con la locomotora del kirchnerismo, se lanzó a terminar con la normativa dictatorial en materia de medios audiovisuales y, sobre todo, a crear una legislación nueva que prohibiera los monopolios en comunicación.

Antes de analizar sucintamente el papel de los diarios de papel en la era de Internet, conviene advertir que la circulación de otros diarios –o revistas, o semanarios– no es mala y que con el clima actual muchos grupos editoriales están por lanzar nuevas publicaciones y, además, empiezan a ensayar nuevas modalidades para fidelizar lectores y compradores. Por ejemplo, La Nación creció durante el período en que Clarín baja. Las explicaciones de quienes estudian el tema van en tres direcciones. Por un lado, ante una confrontación social de carácter ideológico (hoy la Argentina vive una lucha de modelo y proyecto de país antes que de figuras o de partidos políticos), La Nación –que es “tribuna de doctrina”– mantiene adherentes y puede sumar a algunos que desertan de Clarín. En segundo lugar, el tono agresivo, previsiblemente crispado, de Clarín actúa sobre un componente emocional, estético, en sus lectores. Es difícil tomar un café y digerir una medialuna mientras se hojea Clarín.

Pero, en tercer lugar, conviene detenerse ante la realidad de las estrategias de venta: un porcentaje elevado –cercano a la mitad– de los compradores de La Nación hoy lo compran por suscripción. Ése era un método que no funcionó en Buenos Aires debido a la fuerte resistencia del circuito de distribuidores de diarios –y también del gremio de canillitas– debido a que las empresas buscaron eludir el sistema comercial establecido desde hace muchos años y consolidado hace ya cuatro décadas.

La decisión fue durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse, cuyo jefe de Prensa, Edgardo Sajón, terminó de hilvanar lo que todavía rige. Dicho en pocas palabras, los editores no pueden distribuir ni vender diarios. Los distribuidores no pueden editar ni vender mientras que los canillitas no pueden editar ni distribuir. Con esas tres patas funciona la circulación de medios gráficos. No es un sistema caprichoso, y no es fácil copiar el modelo de Estados Unidos, el principal consumidor, donde las editoriales distribuyen, porque los costos de distribución son altísimos pero la pauta publicitaria tiene una incidencia tan alta que muchas empresas los pueden absorber.

Clarín muchas veces intentó montar un sistema de distribución propio que rompiera con el establecido. Su poderío lo llevó a evaluar en más de una oportunidad lanzarse a armar su propio sistema de comercialización. Sin embargo, nunca lo hicieron porque los riesgos resultaban más que las ventajas. Además, porque este circuito argentino, en la actualidad, acepta modificaciones. Por ejemplo, La Nación fidelizó una franja de lectores a través de una tarjeta de suscripción, de modo que el diario llega a la oficina o a la casa a través del circuito y no por correo, de modo tal que no representa una caída para los ingresos de distribuidores y canillitas. Un sistema similar de suscriptores hizo El Día de La Plata, una de las tantas ciudades argentinas donde hay un diario establecido casi como única opción de lectura. Y si hay hábitos conservadores difíciles de romper, la compra de diarios es uno de ellos.
 Las acciones de Papel Prensa

Diarios en gateras. La virulenta resistencia de Clarín –ya no sólo como diario sino como grupo de poder– a un modelo comunicacional abierto y diverso, impulsó a varios grupos editoriales a tener en estudio o preparación la salida de nuevos diarios. Desde ya, va contra una tendencia mundial donde los grupos de medios se rompen la cabeza para ver cómo capitalizarse a través de medios virtuales. Sin embargo, en la Argentina hay una situación particular, tanto por el clima ideológico-cultural antes mencionado, cuanto por una situación económica próspera para este año que permite no sólo compradores sino pautas publicitarias razonables.

En ese sentido, Jorge Fontevecchia quiere reflotar aquel proyecto de sacar Perfil a diario. A fines de los noventa capotó porque apuntó a la existencia de lectores al estilo de Le Monde o El país o The New York Times y esto es Argentina, con sus más y sus menos, pero no Francia o España o Estados Unidos. Los errores propios contaron con la mano amiga de Clarín, cuyos directivos le habían advertido, como si fuera una escena de El tren de las 3.10 a Yuma: “Para ustedes, las revistas; para nosotros, el diario”. El propio Fontevecchia lo reconoció más de una vez y también lo escribió. Ahora Perfil piensa en un diario barato, más masivo, posiblemente porque Fontevecchia conoce muy bien el desamor que viven muchos compradores de Clarín y apunta a darles un producto periodístico y no una clase de irritabilidad a diario.

A su vez, Raúl Kraiselburd, editor de El Día, planea el lanzamiento de un diario similar a El Popular, que antes editaba en sociedad con Jorge Fascetto y que ahora quedó en manos de éste. A veces hay que subrayar cosas que parecen obvias: tanto Fontevecchia como Kraiselburd son críticos –por no decir opositores– del kirchnerismo. Eso sí, planean sacar medios para los sectores sociales populares porque su nivel de vida aumentó precisamente en estos años de kirchnerismo. No es un mal negocio sacar ventaja de lo que hace bien un adversario. Pero también es un dato para tener presente: no sólo hay que restablecer derechos y apuntar a la redistribución económica sino que también es preciso saber dotar de ideas a quienes son la base de sustentación de un proyecto político cultural. Y esas ideas necesitan de muchos recursos para poder impactar y consolidarse. Ideas sueltas no prosperan.

Hay otros medios gráficos que ya salieron y tratan de encontrar su nicho. Algunos, como Miradas al Sur –sea dicho con la poca objetividad de ser parte del equipo desde el inicio– encontró un espacio semanal, con formato diario y con artículos para leer durante siete días, que suma nuevos lectores sin que sean desertores de Clarín o de Página/12. Si Sur se instaló y crece se debe, entre otras cosas, a que una buena parte de la sociedad está involucrada con el clima de cambio que vive el país desde hace siete años y necesita ver reflejados esos cambios en artículos con datos, con análisis, con opinión y, lo que no es menos importante, con una propuesta gráfica, de fotos y titulación que despierte los sentidos.

Una propuesta estética sólida es crucial para sostener una mirada periodística comprometida. Sobre todo, en un contexto donde el homo tipograficus va cediendo espacio a pasos agigantados frente al homo videns. Los medios virtuales van ganando espacios y son, sin duda, el futuro. Sin embargo, el soporte papel forma parte de una cultura donde se nutren los debates, la formación de ideas y el pensamiento crítico.
Mabel Maidana, Co-coordinadora Comisión "Nicolás Casullo" de Medios Audiovisuales en Carta Abierta